Ética, Dignidad y Autogestión

Un gran error filosófico y moral

Heleno Saña disiente del pensamiento heideggeriano en La filosofía de Heidegger. Un nuevo oscurantismo (2016). Ya que el filósofo alemán es tenido por muchos como uno de los más sobresalientes del siglo XX, el libro del escritor barcelonés supone, en primer lugar, una contribución a la desmitificación de aquél y, por ende, una defensa de la Verdad. Lo que realiza a través de un documentado trabajo y con la elegancia y lucidez habituales.

El sistema de ideas del autor germano no es en modo alguno original,

‹‹sus posiciones fundamentales son replanteamientos, reinterpretaciones, reconstrucciones y sobre todo deformaciones y manipulaciones de actitudes ideativas anteriores a él. Es decir, no sólo hermenéutica, sino hermenéutica a menudo malintencionada››.

Se sirve para ello de malabarismos lingüísticos y de un estilo críptico. No obstante,

‹‹su insaciable afán de llamar la atención e impresionar››

no logra velar que

el problema de Heidegger no es el lenguaje, sino el pensamiento (Hassan Givsan).

Que Saña califica de ‹‹fraudulento››. Porque detrás de las tinieblas comunicativas y la especulación no hay verdad explicitada ni contenido concreto ni respuestas a los grandes problemas de la existencia;

‹‹su pretendido magisterio filosófico no ofrece al lector la orientación que este busca››.

Más bien

‹‹siembra conscientemente la confusión››.

Es más, entre la jerga heideggeriana el sujeto desaparece ya que

‹‹pierde su autonomía e identidad ónticas para quedar degradado a simple producto lingüístico››.

La cosmovisión heideggeriana es de naturaleza irracional, arbitraria, escéptica, regresiva, destructiva, pesimista y nihilista. Establece que

‹‹la verdadera identidad del hombre es la nada››,

lo que resulta una contradicción, y considera

‹‹la muerte como destino supremo del hombre, como su verdad más profunda y auténtica››.

Esta absolutización del ser-para-la-muerte

‹‹no es en el fondo más que un acto de evasión ante la propia vida››.

Como representante del nihilismo, la carencia de sentido de la vida no buscará compensarla mediante los valores inmateriales,

‹‹sino a través de un regreso a las fuerzas libres y elementales del Ser original no mediatizado por la evolución histórica››.

Heidegger se pronunciará finalmente por

‹‹un oscurantismo quietista basado en la adoración arcaizante del Sein (ser) de los fisiólogos presocráticos››.

Una situación de ensimismamiento en la que lo auténtico para él consistirá en la separación entre vivencia interior y conducta exterior. Reafirmará su perspectiva radicalmente subjetivista, reduccionista y narcisista. No habrá verdades objetivas e inmutables:

‹‹la verdad o autenticidad no se deduce de la relación dialéctica e interactiva entre el sujeto y el mundo objetivo, sino que se desarrolla y decide exclusivamente en el propio recinto interior del hombre››.

La hegemonía del Ser como lo Absoluto y Universal sobre el hombre mismo sustituirá a la explicación de la esencia a través de la existencia de Ser y tiempo (1927), su obra central. También en el Heidegger tardío permanece el vacío conceptual:

‹‹no nos explica claramente la naturaleza del mismo Ser destinado según él a dar sentido a la vida del hombre y fundamentar su existencia aquí y ahora››.

E igualmente, bajo la turbidez expositiva

‹‹subyace el propósito central de su pensamiento: la negación del homo humanus››.

En efecto, especialmente impúdico resulta la ausencia en los escritos del ‹‹filósofo de los Bosques Negros›› de las categorías de Bien y Alteridad. No hay dimensión ética ni social. No hay mención a la lucha personal y colectiva por transformar en sentido ascensional el orden establecido;

‹‹se desentiende completamente de las necesidades espirituales y materiales del ser humano››.

La realidad intersubjetiva queda degrada a

‹‹lo inauténtico por excelencia, esto es, a la relación impersonal y anónima››.

Pudiéndose hablar de

‹‹la perspectiva parasitaria e inhumana de su pensamiento››.

A lo que hay que añadir

‹‹su concepción germanocéntrica del ser humano, la historia y el mundo››,

su relativismo historicista y sus generalizaciones abstractas.

Por tanto, repudiar a Heidegger es hacer lo propio con la moral antihumanista de Nietzsche, su maestro en primer lugar. Esto es, rechazar la voluntad de poder, el superhombre, el desprecio a los débiles, la difamación del cristianismo, y el odio al amor y a la democracia1.

Ser y tiempo ha sido calificada por Hans Albert, uno de los autores que enjuició de manera negativa las aportaciones del filósofo teutón, como

el resultado de la arbitrariedad filosófica y de una corrupción del pensamiento filosófico en forma de mascarada trascendental.

Más allá de la terminología sui generis utilizada, Ser y tiempo es

‹‹la versión filosófica de la “revolución conservadora” predicada por los estratos intelectuales reaccionarios, revanchistas, nacionalistas y antisemitas de la nación››.

Por tanto, no hay que olvidar que la filosofía heideggeriana es

política de cabo a rabo (Pierre Bourdieu).

Saña no sólo reprueba el aparato conceptual de Heidegger sino también su carácter, ayuno de humildad y pleno de elitismo (“el problema del Ser planteado por mí no ha sido todavía comprendido”); su conducta, de índole muchas veces ambivalente; y su adhesión militante al III Reich. Karl Jaspers señala la afinidad entre la filosofía heideggeriana y el hitlerismo; Víctor Farias

‹‹no se contentaba con documentar profusamente la colaboración de Heidegger con el nacionalsocialismo, sino que establecía por añadidura un nexo causal entre su actitud política y su filosofía››;

y asimismo para Richard Wolin,

la implicación de Heidegger con el nacionalsocialismo, lejos de ser un episodio repentino y meramente biográfico, tiene sus raíces en las tendencias más acusadas de su pensamiento.

Como la resignación y el miedo, o el revanchismo y la hostilidad. Lo que permite concluir que

‹‹la filosofía heideggeriana es, en una de sus motivaciones primarias, una filosofía del resentimiento››.

A pesar de que tras la II Guerra Mundial no deploró su identificación con el nazismo, Heidegger se verá rehabilitado como filósofo y catedrático. Así, Foucault, Althusser y más tarde los representantes del postmodernismo2, devotos de la destrucción/deconstrucción de la metafísica, fomentarán

‹‹una nueva ola de heideggerianismo››.

Heidegger

‹‹tuvo la desdicha de consagrar sus dotes intelectuales al servicio de un gran error filosófico y moral, aunque él estuviera convencido de que había penetrado en los arcanos más profundos de la existencia humana››.

***

1 Consultar Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872) (2010), Nicolás González Varela.

2 El propio Heleno Saña en Breve tratado de ética. Una introducción a la teoría de la moral (2009), realiza el pertinente ajuste de cuentas con ‹‹la antifilosofía posmodernista››.


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