Ética, Dignidad y Autogestión

El fin del campesinado en Andalucía

Escrito por jesusfrancosanchez 13-02-2017 en Andalucía. Comentarios (0)

En El fin del campesinado: transformaciones culturales de la sociedad rural andaluza en la segunda mitad del siglo XX. Salvador Rodríguez Becerra y Clara Macías Sánchez (coordinadores), se señala el antes y el después en el mundo rural andaluz a raíz de los cambios impelidos por la penetración reguladora del Estado en la vida cotidiana, la subordinación política, la inserción del capitalismo en el agro, la reconducción de la producción agropecuaria para el abastecimiento y el avance del sector industrial y urbano, la universalización del sistema educativo y sanitario, la mecanización agraria, el éxodo rural hacia la ciudad, la proletarización y la institucionalización del ocio orientado al consumo privatizado como forma de control social.

La sociedad agraria, un sector de población que hasta hace pocas décadas alcanzaba hasta el 60% de la población total española, ha desaparecido como forma de cultura para asemejarse a la urbana; los campesinos se han convertido en productores o empresarios agrícolas, permanentemente subsidiados.

La patrimonialización, musealización y turistización de lo rural forman parte de su transición hacia una economía de servicios.

El resultado de todo ello es la modificación de hábitos, relaciones sociales y familiares, valores y creencias.

La definición del campesinado como categoría social en función exclusivamente de criterios productivos es errónea. Es necesario poner el acento tanto sobre las relaciones sociales entretejidas en el seno de la comunidad como sobre la ética de la subsistencia y no del beneficio y consumo. El esfuerzo del campesino por obtener los bienes necesarios se hacía evitando en la medida de lo posible recurrir al mercado o al trabajo asalariado.

El libro no aborda que el debate sobre la específica complejidad de la estructura del campo andaluz, con inserción preferentemente del latifundismo de monocultivo en el Valle del Guadalquivir y las Campiñas y del minifundismo de policultivo en la Penibética, ha obviado el comunal.

Los vínculos comunitarios basados en la familia, la vecindad, la amistad, la cooperación y la ayuda mutua estuvieron muy arraigados en muchas zonas de Andalucía y en determinados períodos de nuestra historia, sustituyendo a las transacciones mercantiles. La posesión de terrenos y derechos en común solía fundamentar materialmente la fuerza de tales vínculos 1.

En el siglo XIX, a raíz del proceso desamortizador estatal, las reivindicaciones campesinas no demandaban el reparto de la tierra, sino que exigían la devolución de los comunales enajenados. Y más aún, durante la segunda república española (1931-1936) en muchos municipios andaluces se seguía pleiteando por lo antaño usurpado 2.

La atribución causal de lo acontecido a ‹‹la fuerza arrolladora de la economía neoliberal›› resulta desacertada o, al menos, insuficiente.

Ello olvida la elaboración y ejecución estratégica, política y axiológica, de las clases mandantes ilustradas, liberales, franquistas y constitucionalistas para la desarticulación y dominación del mundo rural, mayoritario en la península Ibérica a comienzos del siglo XX, desafecto a la modernidad estatista y capitalista y poseedor de una respuesta diferenciada a la problemática de la existencia y libertad humanas 3.

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1 Vecindad y derechos comunales en la comarca de La Janda (Cádiz). Las hazas de suerte de Vejer de la Frontera y Barbate. Alberto Bernabé Salgueiro.

2 La tierra comunal en Andalucía durante la Edad Moderna. Antonio Miguel Bernal Rodríguez.

3 Investigación sobre la segunda república española, 1931-1936. Félix Rodrigo Mora.


Los corrales de vecinos en Sevilla

Escrito por jesusfrancosanchez 09-02-2017 en Andalucía. Comentarios (0)

Luis Montoto describe, a partir de la experiencia y el conocimiento vividos y con un estilo agradable y rico en expresiones cotidianas, la vida y costumbres de las clases populares urbanas a finales del siglo XIX y principios del XX en los corrales de vecinos. Tales, de considerable número en la Sevilla de entonces, eran ‹‹la primera morada del pueblo trabajador››.


El cotarro, la casa de dormir, el corral de vecinos, la casa de vecinos, el partido de casa, la casa y el palacio constituían el elenco de alojamientos en función de las posibilidades económicas.

En el corral, de estructura cuadrangular con plantas baja y alta y un pozo o fuente de uso comunal en el centro, cada vecino tenía en alquiler una sala. El propietario delegaba en la casera la gestión diaria, siendo ella ‹‹verdaderamente la reina del corral››.

Cada habitante del corral tenía ‹‹deberes con relación a la colectividad››, como el mantenimiento y limpieza del edificio.

La dureza de la jornada diaria del trabajador la suavizaba éste a través del cante y el diálogo: ‹‹el trabajador canta que se las pela››; el zapatero remendón,que se apostaba en el patio, ‹‹canta al par que cose, y habla con el que entra y con el que sale, y con las vecinas…››. Las coplas, manifestación de la capacidad de la gente sencilla de generar cultura, se vinculan a ‹‹todos y cada uno de los momentos de la vida ››. En los cantares el pueblo ‹‹se nos presenta tal cual es››.


Montoto afirma sobre los niños, habituados al juego y a la “autonomía” de sus progenitores, que ‹‹están tan sanos y colorados que da gusto verlos››. La alimentación no es abundante pero en ningún momento cita la miseria, el hambre o el atraso (1). En el almuerzo del trabajador o en la mesa estaban presentes el pan (de Alcalá de Guadaíra), las legumbres, las patatas, la ensalada, el gazpacho, la fruta de temporada, el pescado (bacalao, sardinas, arenque) y el queso, en menor medida, y la carne, excepcionalmente.

La vida en compañía es la noción central: ‹‹viviendo en la misma casa se consideran como miembros de una misma familia››. Ello se expresaba en las diversas fiestas, familiares, religiosas o paganas autoconstruidas (‹‹con la sana intención de divertir al prójimo y regocijarse››) y en la taberna (lugar para consumir tabaco pero también para los tratos y el ocio en convivencia: ‹‹el vino, para que sepa a vino, se ha de beber con un amigo››).

El relato transmite, en fin, la hermandad, alegría, vitalidad, ayuda mutua y generosidad de aquellas gentes como contrapeso digno y civilizador a la escasez material. La verdad histórico-antropológica y el rescate de sus elementos positivos, tan necesarios hoy, han de prevalecer tanto sobre la idealización del pasado como de su abordaje con oprobio.

(1)  J.A. Lacomba en Historia contemporánea de Andalucía se entrega a estos tópicos: ‹‹sequía, paro campesino y hambre fueron las plagas que azotaron el mundo rural andaluz en los inicios del XX››. Cita a Azorín, para quien el mal de Andalucía era que no se comía y ello acarreaba anemia y tisis. También a Blas Infante, cuya interpretación de la historia de Andalucía, por lo demás, no resiste un análisis crítico. Cuánto más si las posibilidades de obtener alimentos en el medio rural superan con creces a las de la urbe. ¿Por qué el doctor en Historia Lacomba no se escandaliza del liberalismo impuesto a golpe de espada, Guardia Civil, sufragio censitario, ferrocarriles y derecho positivo expoliador?



Aproximación al ideario cínico

Escrito por jesusfrancosanchez 23-01-2017 en Filosofía. Comentarios (0)

Una de las cuestiones esenciales a abordar en la tarea transformativa integral de lo real ha de ser la elaboración de un conjunto de propuestas, ideas, referencias, guías, formas de vida, valores y metas alternativas mejorantes a lo establecido.

Para ayudar a la cumplimentación de dicho objetivo puede resultar de mucha utilidad la cosmovisión de la filosofía cínica.

La escuela cínica, fundada por Antístenes(446-366 a.n.e) tras trabar relación con Sócrates y tomar de él la firmeza de carácter y emular su impasibilidad, fue sobre todo un modo de hacer frente a la vida, una actitud vital encaminada a “transmutar los valores”.

Su forma de pensar (crítica, subversiva y revulsiva) hizo frente al idealismo platónico y la retórica convencional. Menospreciaban los conocimientos meramente teóricos o científicos. Ejemplificaban a través de los actos (sabiduría práctica).

Contribuyó a superar las barreras entre ciudadanos libres y esclavos, minó la idea de ciudad-Estado (atacando las instituciones políticas, las leyes y a los hombres de Estado atenienses), preparó una concepción universal del hombre y de la historia, luchó contra los prejuicios étnicos, condenó la esclavitud, ensalzó el trabajo (también el manual) y fomentó la espiritualidad.

Los cínicos se aplicaron al estudio de la ética, una ética individualista y libertaria. Propusieron vivir sencillamente, precisando pocas cosas, y de acuerdo con la virtud, despreciar la riqueza y la fama, y adaptarse a toda situación y lugar.

Pasemos a profundizar en su ideario, estableciendo categorías definitorias que se dotarán de contenido con el decir y el hacer de aquellos filósofos.

Libertad

No se ha de preferir ni anteponer nada a la libertad, ya sean placeres, oro o poder. Lo cardinal es llevar una vida elegida.

Las leyes y prejuicios nacionales niegan al hombre dicha libertad.

Así también son los hombres con su actitud mental los que se esclavizan o liberan. No serán las condiciones materiales las que liberten al ser humano, sino su disposición interior frente a ellas.

Democracia

Sin una ciudad democrática no hay ningún beneficio del ser civilizado.

Proclamaban la igualdad de sexos.

Verdad

Mónimo era muy riguroso en su desprecio de la opinión pública y en el hábito de perseguir la verdad.

Hay que atreverse a quebrar tabúes y convencionalismos, a discriminar entre lo realmente necesario y las vanas figuraciones.

Esfuerzo

Es un bien. “Yo soy un luchador”, decía Antístenes. Este valor, junto al ejercicio de la sobriedad y el endurecimiento de la sensibilidad posibilita hacer frente a las tentaciones del confort y el lujo, que suelen comprarse a costa de sumisión.

Sociabilidad

La convivencia en concordia de los hermanos era tenida por más segura que cualquier muro.

Defendían un cosmopolitismo que resonaba como una invitación a la fraternidad, al ser interpretado como una misma patria para todos los hombres (como una es la naturaleza de los hombres).

Fortaleza

Entre sus consejos estaba fortificarse contra las calumnias más que contra los apedreamientos y acostumbrarse a todos los rigores. Antístenes abrió camino a la impasibilidad de Diógenes (que habitaba en una tina, se acostumbraba a ser rechazado, soportó del modo más digno su venta como esclavo, para quien los débiles eran esclavos de sus pasiones, caminaba sobre la nieve con los pies desnudos y estaba sin ciudad, sin familia, privado de patria, pobre, vagabundo, tratando de subsistir día a día), a la continencia de Crates (que tenía como patria el anonimato y la pobreza y se ejercitaba en acostumbrarse a las calumnias) y a la firmeza de ánimo de Zenón.

No dejarse dominar por nada, por ningún contratiempo, ni por hambre, la sed y el frío, ni por el dolor físico, la pobreza, la humillación o el destierro, sino ver en todo ello una mera ocasión de probar la propia fuerza moral y de voluntad, una ocasión de endurecimiento en sentido corporal y anímico.

Austeridad

Conviene disponer el equipaje que en el naufragio vaya a sobrenadar con uno. Se impusieron como única prenda el basto tejido de estameña. Repudiaban la riqueza material, bastando con atender al mínimo, desechando lo accesorio.  Adoptaron un modo de vivir frugal, encontrando una solución para adaptarse a las circunstancias: Diógenes se doblaba el vestido según algunos por tener necesidad de dormir en él y enseñaba a cuidarse a uno mismo usando una alimentación sencilla y bebiendo sólo agua. Crates pasaba el invierno con unos andrajos.

Renuncia del hedonismo

“Prefiero someterme a la locura antes que al placer”, Antístenes. La victoria sobre el placer posibilitaría una libertad sin trabas

Rechazo de la vanidad, el elogio, el medro y lo superficial

Prescindían del boato. Eran indiferentes ante la nobleza de nacimiento y de la fama y de todos los honores, pues son adornos externos del vicio. Repudiaban la espléndida vida de la corte de Alejandro y a los oradores que buscaban la fama con sus discursos. Al ver figurones engreídos por su fama o su riqueza pensaban que nada había más vacuo que el hombre. Echaban en cara que la gente se demoraba en ir a los asuntos serios, se contentaba con el aspecto externo y no competía en ser honesta.

Reputaban mejor caer entre cuervos que entre aduladores; quienes estaban entre éstos se hallaban tan abandonados como los corderos entre los lobos. El discurso de elogio era un lazo meloso.

Virtud

Es enseñable y está en los hechos. “Evitar los vicios que tienes”, Antístenes. Que asimismo afirmaba que la única inmortalidad es la de la virtud. Diógenes oponía al azar el valor, a la ley la naturaleza y a la pasión el razonamiento.

Argumentos, reflexión y oratoria

Para el cínico la sensatez es un muro seguro, que ni se derruye ni se deja traicionar. Hay que prepararse muros en nuestros propios razonamientos inexpugnables. Rechazan los conocimientos generales, enunciando incluso Antístenes que los prudentes no debían aprender a leer libros, para no dejarse distraer con escritos ajenos. Los conocimientos han de escribirse en el alma, no en el cuaderno de notas, para que no se pierdan. Diógenes era admirable en su fuerza de persuasión y mágica la atracción de sus palabras.

“El individuo que se basta a sí mismo”

Encarnado por Diógenes, que decía haber sacado de la filosofía el estar equipado contra cualquier azar. Ofreció una lección de auto-suficiencia y enseñó el camino más ligero del vivir.

El bagaje del cínico es interior.

Crítica a la incoherencia <palabras-actos>

Se extrañaban que los oradores dijeran preocuparse de las cosas justas y no las practicaran jamás.

Independencia de lo material

Diógenes al observar una vez a un niño que bebía en las manos, arrojó fuera de su zurrón su copa, diciendo: “Un niño me ha aventajado en sencillez”. Arrojó igualmente el plato, al ver a un niño que, como se le había roto el cuenco, recogía sus lentejas en la corteza cóncava del pan. Crates dejó su hacienda como pasto para rebaños y arrojó al mar todo el dinero que tenía.

La verdadera riqueza es la del alma.

Fijación en la realidad

Diógenes, a quienes se angustiaban por sus sueños, les reprochaba no ocuparse de lo que hacían en la vigilia. Así mismo reconvenía a quienes en el ejercicio de la virtud dejaban de lado lo real y acudían a lo literario.

Repudio del dinero

“La pasión por el dinero es la metrópoli de todos los males”, Diógenes. Mónimo arrojaba las monedas del banquero con el que trabajaba para ser tildado de demente y así ser despedido, quedando libre para seguir las enseñanzas de Diógenes.

Entrenamiento espiritual y corporal

Uno sin el otro está incompleto. Tanto la buena disposición como el vigor son muy convenientes. En la vida nada en absoluto se consigue sin entrenamiento y éste es capaz de mejorarlo todo. El objetivo de este doble ejercitarse constante es la adquisición de los hábitos de una vida apuntalada en la virtud, entendida ésta como impasibilidad ante los continuos embates de la fortuna.

Totalidad

Diógenes citaba un verso de la Odisea homérica: “Hay que estudiar lo bueno y lo malo que acontece en nuestros hogares”.



BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

-  Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, Diógenes Laercio.

-  La secta del perro, Carlos García Gual.

-  Atlas del pensamiento universal, Heleno Saña.


Los orígenes de las hablas andaluzas

Escrito por jesusfrancosanchez 07-01-2017 en Andalucía. Comentarios (0)



Propuestas para la mejora de la persona y su resultante, la convivencia

Escrito por jesusfrancosanchez 30-12-2016 en Filosofía. Comentarios (0)

Los principios para la elaboración de este texto son los siguientes:

1.  Lo decisivo es la persona. Este enunciado, tan obvio como negado por el Estado y el Capitalismo, no ha de entenderse desde la óptica del egoísmo, el interés particular o la propiedad privada, sino como auto-construcción moral, comprometida y responsable para:

2.  La creación de nosotros de calidad. Esto es, de parejas, grupos, colectivos, comunidades… aptos para la convivencia, la génesis, debate y divulgación de ideas, y la actuación transformadora de lo real.

La bibliografía empleada ha sido: ‹‹Apología de Sócrates››, Platón; ‹‹Recuerdos de Sócrates››, Jenofonte; y ‹‹Vidas y opiniones de los filósofos ilustres››, Diógenes Laercio.

Sócrates (469-399 a.n.e) fue “el primero en dialogar sobre la manera de vivir”; de costumbres ordenadas; “diestro en hallar sus razones a partir de los hechos”, ya que consideraba “inútil la argumentación palabrera”; austero para los placeres sensoriales, durísimo frente al frío, el calor y todas las fatigas; y “el colaborador más útil en la búsqueda de la virtud”. Se expresó en su defensa “con la mayor franqueza, libertad y justicia”, y soportó la sentencia de muerte “con toda calma y virilidad”.

*

-  Dotar de grandeza y dignidad a la vida, a través de los ideales. “¿No te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores y, en cambio, no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible”. “Afán de superación es lo que más estimula hacia las acciones bellas y honrosas”. “Que se esfuercen por alcanzar preeminencia con su virtud”.

-  Arrostrar peligros por hacer lo que se debe. “No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo”. “Arriesgarse sin tener en cuenta ni la muerte ni cosa alguna más que la deshonra”. “No cedería ante nada contra lo justo por temor a la muerte”. “No voy a hacer otra cosa, aunque hubiera de morir muchas veces”. En este contexto: “es imposible llevar una vida tranquila”. Atreverse a ser el primero (en lo bueno).

-  Actuar desinteresado. “Por esa ocupación me encuentro en gran pobreza”. “Que cobro dinero, tampoco esto es verdad”. “Con estas palabras me consigo enemistades”.

-  Rechazar la molicie. “No te dejes arrastrar por la pereza, sino más bien esfuérzate en poner más atención a ti mismo”. “Un individuo que no examina lo mejor, sino que busca por todos los medios hacer lo más agradable, ¿en qué se diferencia de la más irracional de las alimañas?”.

-  Vida hermanada. Ayuda mutua. Comprensión hacia el otro. Reconciliación. “La mayoría se preocupaba de cualquier cosa más que de adquirir amigos”, que es la mayor ganancia. “Consideramos un gran beneficio hacernos amigos unos de otros”.

-  Una meta magnífica: la verdad. “Éste es el deber (…), decir la verdad”. “Esfuérzate en conseguir saber lo mejor posible aquello en lo que estés dispuesto a trabajar”. Investigación y reflexión para alcanzar la sabiduría, que es “el bien mayor”.

-  Otro ideal a perseguir: la virtud. “El mayor bien para un hombre es tener conversaciones cada día acerca de la virtud”. “Intentando convencerle de que se preocupe por la virtud”. “Es de ley corresponder con el bien a los que nos hacen bien”.

-  Entrenamiento físico, moral y táctico-estratégico. “Toda naturaleza puede acrecentar su valor con el aprendizaje y el ejercicio”, para llegar a ser hombres de bien. “Entrenando mi cuerpo para soportar las contingencias”. “Las virtudes aumentan con el ejercicio y el estudio”.

-  Discriminar entre contenido y apariencia. Desprecio de la mentira, la impostura, los sofismas y la oratoria hueca. Lo decisivo es el contenido. “Están simulando saber sin saber nada”. “Dicen muchas cosas hermosas pero no saben nada de lo que dicen”. “Simulando esforzarse e inquietarse por cosas que jamás le han preocupado”.

-  Honestidad. “Tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho”. “Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber”. “Ser honrados de palabra y de acción”. La mejor ocupación para un hombre es “obrar bien”.

-  Frugalidad: “¡De cuántas cosas no tengo necesidad!”, se decía al contemplar cosas en venta. Conformarse con poco, necesitar lo menos posible (de lo material). Modestia en vestir y calzar.

-  Responsabilidad y auto-corrección. “Los examinados se irritan conmigo, y no consigo mismos”, al mostrarles que no saben lo que creen saber. E igualmente: “reconozco no saberlo”: la admisión de la propia contradicción y carencia como primer paso para el cambio a mejor. “Una vida sin examen no tiene objeto vivirla”. “Pasar el tiempo examinando e investigando” para no equivocarse. “Prepararse para ser lo mejor posible”.

-  Pensar y actuar autónomamente. “A no ser que hicieras algo distinto de lo que hace la mayoría”. Para combatir la manipulación mental: “hablaban ante vosotros en la edad (joven) en la que más podíais darles crédito”. Juzgaba sabio y sensato al que, conociendo lo que es bueno y bello, lo practicaba. “La acción es más convincente que la palabra”.

-  Impasibilidad ante las circunstancias y fortaleza interior. En sus conversaciones dirigía a sus amigos hacia el dominio de sí mismos. Ejercitar el autocontrol, voluntariamente, ya que “lo mejor para el hombre es la templanza”. “Temer la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes del hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males”.

-  En pos de la integralidad. “Por el hecho de que realizaban adecuadamente su arte, cada uno de ellos estimaba que era muy sabio también respecto a las demás cosas, incluso las más importantes, y ese error velaba su sabiduría”.

-  Sobre el bien y el mal. “No existe mal alguno para el hombre bueno”. “Si me condenáis a muerte, siendo yo cual digo que soy, no me dañaréis a mí más que a vosotros mismos”. “No creo que naturalmente esté permitido que un hombre bueno reciba daño de otro malo”. “No es difícil evitar la muerte, es mucho más difícil evitar la maldad: en efecto, corre más deprisa que la muerte”.