Ética, Dignidad y Autogestión

En defensa de la amistad

Escrito por jesusfrancosanchez 09-12-2016 en Filosofía. Comentarios (0)

‹‹Compañía y conversación son los medios más poderosos para devolver al ánimo su tranquilidad››, Adam Smith.

‹‹Toda vida verdadera es encuentro››, Martin Buber.

‹‹Dar al otro una parte de nuestro ser es, en el fondo, una manera de recibirlo nosotros mismos en forma de plenitud interior››, Heleno Saña.

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Una de las principales causas de malestar psíquico en el individuo de la ultra-modernidad estatista, capitalista y homogeneizadora es el declive de la vida hermanada.

Según datos del INE en el año 2013, en el territorio de lo comúnmente denominado España, se suicidaron una media superior a 10 personas cada día; en el año 2014 en torno a 4,5 millones vivían solas y se produjeron más de 100.000 sentencias de nulidades, separaciones y divorcios.

Las relaciones interpersonales, salvo honrosas excepciones, están sustentadas en una naturaleza líquida, superficial y mudable. El igual, siguiendo los principios del cálculo y el interés particular, es considerado como instrumento para lograr los propios fines, habitualmente orientados a la satisfacción de instintos primarios.

Hallar alguien que se atreva a dar un paso por el otro sin esperar una recompensa es una tarea ardua. Nociones como amor en actos, desinterés, magnanimidad, servicio al prójimo y ayuda mutua no encuentran lugar en el conjunto de ¿valores? del sujeto medio. El bien, entendido como categoría transpersonal, ha sido sustituido por la reclusión en la cárcel del yo, donde es protagonista la consigna stirneriana ‹‹mi causa es sólo lo mío››.

De lo cual sólo puede resultar un humano desvalido, que busca compensar sus carencias axiológicas y vinculares en el manejo enfermizo de aparatos tecnológicos, en el consumo de tóxicos y en la interacción con animales domesticados.

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Montaigne, en su ensayo Sobre la amistad, escribe: ‹‹no hay nada a lo que la naturaleza nos haya encaminado más que a la asociación con nuestros semejantes››.

Para el humanista ‹‹el punto máximo y esencial de la perfección de esa sociedad de los hombres es la amistad››. La cual ‹‹es espiritual y el alma se refina al practicarla››. Amistad y afecto son los frutos más propios de ‹‹nuestra libre voluntad››.

En el apogeo de la otredad afirma: ‹‹en la amistad de la que hablo, las almas se unen y se funden la una en la otra en una unión tan absoluta que borran la costura que las ha unido y no la vuelven a encontrar››.

El filósofo francés recuerda que ‹‹en la amistad no hay otro negocio ni comercio que el de ella misma››. La noble relación consiste en actuar sin reservas, ‹‹desde lo más recóndito del corazón››. Lo que exige que ‹‹todos los resortes estén perfectamente limpios y seguros››.

Lo mío y lo tuyo han de ceder ante el empuje de lo común.

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Cicerón, en Lelio o De la amistad, nos exhorta a que antepongamos ‹‹la amistad a todas las cosas humanas, pues nada es tan apropiado a la naturaleza›› ni mejor, tal vez ‹‹exceptuada la sabiduría››.

Para el estoico, la amistad no puede darse sino ‹‹entre buenos››. Vale decir, ‹‹la amistad no puede existir sin la virtud de ningún modo››. Difícilmente puede pervivir una amistad ‹‹si te has apartado de la virtud››. Al poner el acento en la valía personal, serán dignos de la amistad quienes ‹‹en ellos mismos está la causa de que sean amados››.

El romano tacha de absurdo deleitarse con ‹‹cosas vacías››, como la gloria, y no hacerlo ‹‹en sumo grado con un espíritu, provisto de virtud […]; nada hay más agradable que el intercambio de afanes y lealtades››.

El autor de Los oficios se pregunta ‹‹¿cómo puede ser vivible una vida que no descansa en la mutua benevolencia de una amigo? ¿Qué más dulce que tener con quien te atrevas a hablar de todas las cosas así como contigo? ¿Qué fruto tan grande habría en las cosas prósperas, si no tuvieras quien se alegrara con ellas igual que tú mismo? Y sería difícil sobrellevar las adversas sin aquel que las sobrellevara más gravemente incluso que tú››.

También señala que la amistad ha de ser buscada sin intenciones de obtener recompensas, ya que ‹‹todo su fruto está en el amor mismo››. De los servicios ‹‹debe acordarse aquel al que han sido conferidos, no recordarlos el que los confirió››.

Igualmente juzga una amistad sin tacha aquella en la que existe ‹‹comunidad de todas las cosas››. ‹‹Lo más grande en la amistad es que el superior es igual al inferior››.

Realizar y solicitar ‹‹cosas honestas›› y justas, guardar verdad y fidelidad, y aconsejar bien son leyes a seguir en la amistad.

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La meta por recuperar la convivencia ha de situar la amistad como uno de sus pilares, integrante imprescindible de la vida buena. Una oportunidad además para llevar a cabo, unidos, causas grandes.


6-D. Nada que celebrar

Escrito por jesusfrancosanchez 05-12-2016 en Presente. Comentarios (0)

Brevemente.

Ante la Nación-Estado salvaguardada por el ejército, la parodia de soberanía popular, el centralismo, la politiquería parlamentarista, la legislación positiva, los derechos otorgados, la tributación forzosa, el adoctrinamiento, el paternalismo sanitario y otros males contemplados en la CE de 1978, hay que oponer los principios que hacen posible la DEMOCRACIA:

-  Un sistema de valores acorde con nuestras verdaderas necesidades espirituales y materiales.

-  La praxis política se fundamenta en la asamblea soberana del pueblo.

-  El derecho y la justicia son de elaboración y aplicación popular.

-  La autodefensa del pueblo en armas ante agresores y tiranos.

-  El trabajo libre (no asalariado y no especializado).

-  La autogestión popular de la educación, la cultura, la salud y el conocimiento.

-  La propiedad privada reducida a lo esencial y la generalización de la propiedad comunal.

Por tanto, el 6-D será un día para continuar con el trabajo personal y colectivo en pos de una mutación histórico-axiológica de sentido ascensional.

Legislar contra la obesidad en la sociedad-granja

Escrito por jesusfrancosanchez 02-11-2016 en Presente. Comentarios (0)


La Junta de Andalucía, sección regional del ente estatal, ha aprobado el anteproyecto de ley para la promoción de una vida saludable y una alimentación equilibrada, la cual ‹‹establecerá las bases de las políticas contra la obesidad››, que afecta a, aproximadamente, el 20% de la población.

La noticia ampliada en http://www.juntadeandalucia.es/presidencia/portavoz/salud/115959/consejo/gobierno/anteproyecto/ley/promocion/vida/activa/alimentacion/equilibrada/andalucia/junta

Vayamos con las reflexiones:

  1. El totalitarismo y paternalismo de los poderosos se expresa de diversas formas, también en cada formulación de derecho positivo. Una sociedad que actúa en función de lo tipificado por unas normas impuestas es una sociedad jerarquizada, opresiva y amoral. A más ley, menos ética, recuerda Kant. El derecho popular tuvo en los siglos altomedievales en la península ibérica un enorme protagonismo, en lo que constituía una manifestación de la voluntad del pueblo autogobernado en asamblea. Ello respetaba la ley de la propia conciencia. La aspiración ha de ser regirse a sí mismo por puro amor a la Verdad y al Bien.

  2. La persona común se halla inmersa en un proceso múltiple de dejación: física, reflexiva, espiritual, volitiva y otras. La responsabilidad de la auto-construcción y auto-gestión, individual y colectiva, ha sido delegada en funcionarios, ‹‹expertos››, profesionales, instituciones y demás integrantes del estado y el capital, en una relación no-horizontal, dañina e interesada (Ver en este blog http://jesusfrancosanchez.blogspot.es/1477320569/). Lo dicho se suma al seguidismo dócil y acrítico de todo lo que el sistema ofrece, entre ello, la bazofia alimentaria, lúdica, televisiva y tecnológica. Lo que nos hace perezosos, de cuerpo, mente y ánimo. Y nos degrada. La fijación en la gula y la golosinería, en lo cómodo, en la hipertrofia del tubo digestivo y en el ‹‹bienestar›› material es propia de la cabaña ganadera.

    3. La expropiación sin indemnización de las miles de hectáreas peninsulares, agrarias y forestales, que se hallan en manos de  los  mercaderes agroalimentarios y de las diversas formaciones estatales, y su posterior gestión comunal supondría:

a) Un acto de justicia histórica, al reintegrar en el seno popular lo usurpado por los poderes ilegítimos durante siglos (para Andalucía desde al menos el siglo XV).

b) Una salida a la colectiva somnolencia intelectiva, al estimularnos a aprender lo desconocido, esto es, la realización de tareas agrosilvopastoriles, otorgando sentido práctico a la integralidad y el autoabastecimiento.

c) Una recuperación de los hábitos nutricionales y de la condición física, al sustituir la comida ultra-procesada por los alimentos cultivados y recolectados por uno mismo y por los iguales, y el sedentarismo por el trabajo manual.

d) Un restablecimiento del equilibrio anímico y de la convivencia, al trabajar de forma cooperativa y horizontal.

La dignificación de la existencia humana pasa por su sostenimiento personal y grupal, desde el esfuerzo, el afecto y los valores.


Salvemos Doñana… de la Modernidad

Escrito por jesusfrancosanchez 26-10-2016 en Presente. Comentarios (0)

La revista Quercus, en su edición on line, informa que WWW, organización conservacionista independiente, ha publicado el análisis ‹‹Salvemos Doñana. Del peligro a la prosperidad››, elaborado por DALBERG GLOBAL, consultoría que colabora en su quehacer con administraciones públicas, empresas y otras.

Ya en la autoría del informe y en el éxito venturoso deseado en el título, el tratamiento dado al asunto promete escasas sorpresas.

En efecto, del sentido otorgado al texto y de las soluciones planteadas no se desprende ninguna voluntad de transformar sustancialmente lo existente-nocivo. Sólo reformarlo para hacerlo viable durante algún tiempo más. Las propuestas formuladas, en la reduccionista línea habitual del ecologismo, pretenden la preservación y afirmación del orden social, político, económico y axiológico vigente. Las correcciones a la situación de sequía de Doñana pasan por los cauces establecidos por el Sistema.

Los modos de entender y organizar la existencia, que están en la raíz de todos los males, también los ambientales, no son considerados.

Nada se dice de la ética. Ni de la valía de la persona. Ni de lo urgente que es realizar la autogestión popular y horizontal de la vida. Ni de lo imprescindible de reducir el consumo material al mínimo y orientar la economía al autoabastecimiento familiar y comarcal. Ni de la necesaria reforestación de la Península Ibérica. Ni del gran mal que son el trabajo asalariado y las megalópolis. Nada.

El informe segrega economicismo, politicismo, legicentrismo, productivismo, desarrollismo y estatismo. De tales -ismos han de venir las salvíficas respuestas. Hay que rogarle al Gobierno benefactor que regule al Capitalismo en sus desmanes, y al sistema judicial que castigue a los infractores. La economía ha de ser sostenible pero exportadora, turística y legal.

Pero es imposible que la causa del desperfecto sea parte del arreglo.

En la propuesta “Gobernanza representativa de todos los beneficiarios”, se aúnan dos repulsivos principios de la modernidad: el de la representatividad en lo político y el del interés personal. No menos perplejo queda el lector ante la llamada final a la cooperación tripartita Estado-Capitalismo-Pueblo, esto es, entre opresores y oprimidos.

Una reflexión complementaria en este mismo blog, http://jesusfrancosanchez.blogspot.es/1472483398/

La noticia en  http://www.revistaquercus.es/noticia/6654/nacional/campana-internacional-de-wwf-para-frenar-el-asedio-a-donana.html

El informe en http://www.wwf.es/que_hacemos/donana/donana/


Heteronomía y autoconstrucción

Escrito por jesusfrancosanchez 24-10-2016 en Filosofía. Comentarios (0)


A partir de la obra de Heleno Saña.

La megaheteronomía es el rasgo definitorio del individuo moderno. Obstáculo para su autorrealización es el dominio que sobre él ejerce el par Estado/Capital, que es doble, soma y espíritu, dándose un subproducto impersonal y gregario de los paradigmas, símbolos, mitos e intereses predominantes; un ser administrado, instrumentalizado y fabricado en serie, de proceder mecánico e imitativo que sigue siendo hombre-masa también cuando se aleja de ella. El ente estatal y el orden capitalista, en la ejecución de su razón de ser, subyugar y jerarquizar la sociedad en el interior y competir con el exterior, subliman como interés común lo que no es más que su interés particular.

Con ello no desdeñamos la determinación de los factores externos, objetivos e irreversibles, ya que la heteronomía a que se enfrenta el hombre es una categoría ontológica fundamental de la que nadie puede librarse, o de los propios condicionantes endógenos en su dimensión irracional.

Lo que repudiamos es la falta de espontaneidad y de convicciones firmes, la asunción por el individuo medio de la identidad artificial o superpuesta que el Sistema le ha inculcado, la propensión a dejarse influenciar por los lugares comunes divulgados por las tribunas mediáticas, la predominancia de un mundo sin interioridad verdadera y conscientemente asumida, la obligación de transitar desde edad temprana por un determinado camino y de renunciar a otros, la isonomía tipológica. El hombre contemporáneo no sólo ha errado el camino, sino que estamos asistiendo a su paulatina muerte, como ente autónomo y soberano de sí mismo.

Dominar es destruir. El sujeto común siente pánico a quedarse a solas con su interioridad. Es un fugitivo de la esterilidad que lleva dentro de sí mismo. El consumo de tabaco, alcohol, cannabis y de otros narcóticos diversos; el comprar compulsivo (homo consumens); el dejarse mecer por ‹‹el vals del momento›› (Kierkegaard)… son comportamientos para aturdirse y dispersarse, para consolarse y ocupar vacíos personales y convivenciales, para eludir, evadiéndose, el enfrentamiento abierto con la condición humana y el destino. A lo que se adiciona la superficialidad, el exhibicionismo y la simulación.

Los dominadores logran el arrasamiento de lo humano y la anulación de toda diferencia mediante dos procedimientos: por un lado con el adoctrinamiento sin descanso que pisotea la libertad de conciencia, a través de vías como la escolarización forzosa, la universidad, los medios de comunicación, la propaganda, la publicidad comercial, la industria del ocio y de la ¿cultura?, el parlamentarismo y el trabajo asalariado.

Tal ausencia de libertad para ser, pensar y hacer no sólo no es sentido como necesidad irrealizada sino que paradójicamente el individuo contemporáneo se considera libre cuando depende para todo lo importante de instancias y fuerzas infinitamente superiores a su voluntad. Pierre Manent: ‹‹¿Por qué el hombre moderno está tan seguro de ser cada vez más libre sin en realidad vive de manera creciente en estado de sometimiento?››. Sometimiento a los horarios y condiciones de trabajo, al hacinamiento urbano, al tráfico rodado, a la burocracia estatal, al acoso fiscal, a la invasión publicitaria, al poder de la banca, al salario casi siempre insuficiente y al miedo a que una crisis financiera le convierta en un paria sin empleo. En definitiva, al proceso de planificación y normativización impuesto. Una exterioridad que, por lo demás, se caracteriza por su inestabilidad, mutabilidad e infiabilidad.

Vinculados a este fenómeno del ‹‹esclavo sublimado›› (Marcuse) se hallan la conformidad con el panem et circenses, el asentimiento acrítico-dócil y la completa integración de casi todos en el sistema (y su reproducción). Lo que se expresa en la bancarización, salarización, monetización, burocratización y motorización de lo cotidiano; en los sempiternos pedigüeños reclamando ayudas y soluciones institucionales(¿dónde quedan la valía personal, la dignidad y la confrontación constante con el poder y la injusticia?); en la adoración boba y mimética que despierta lo que la moda, el marketing y los administradores del poder arrojan a los escaparates: mitos, falsos ídolos, cantos de sirena y espejismos ideológicos, asumidos como summum bonum y confundidos con el sentido de la vida; en el convencimiento general de que la humanidad no ha conocido otro modelo de sociedad tan bueno como el que tenemos hoy; y en el deseo de vivir no en un mundo cualitativamente distinto al de hoy, sino en éste en las mejores condiciones posibles.

Y de otro lado, manu militari las oligarquías perpetran etnocidios para uniformizar y elevar a categoría universal al homo occidentalis y al modelo liberal-burgués de sociedad. Este colonialismo engendrador del pensamiento único tiene consecuencias también en el ámbito material. De ahí el pauperismo de los ‹‹damnificados de la tierra›› (Fanon), sometidos a agresión, intimidación, expropiación y saqueo. Media humanidad está condenada a la indigencia crónica.

Frente a esta dinámica de preterición, homogeneización y devastación, el bien moral se ubica en el propio recinto del hombre, en la conciencia de sí mismo. Ello nos sitúa en la capacidad del sujeto para la autoconstrucción y para operar revolucionariamente sobre la realidad. Eso sí, sin perder de vista que dicha autonomía depende no sólo de atributos personales sino también de la ubicación social. Para Dorotea Sölle, ‹‹no existe ningún punto cero del que el hombre pueda partir››.

Si es en el mundo subjetivo donde tiene lugar el primer acto de libertad y de responsabilidad, el diálogo interior ha de preceder al diálogo con los demás. Vale decir, que sin un orden de valores alojado en la propia conciencia no puede surgir ni desarrollarse ningún orden externo satisfactorio.

El bien ha de ser un acto intencional, deber autoimpuesto, voluntariamente aceptado o rechazado para que sea verdadera axiología. Ahí radica la grandeza humana: en la capacidad de elegir el bien sin esperar que los demás hagan lo mismo.

La praxis del bien precisa hoy de una previa catarsis renovadora. Hemos de descender a las profundidades de nuestro ser y echar por la borda toda la miseria humana y moral que llevamos dentro; replantearnos todos los principios, paradigmas y valores que determinan nuestra existencia. Lo que ha de tener continuación en la recuperación y actualización de la gran herencia humanista y universalista que nuestros antepasados nos han legado.