Ética, Dignidad y Autogestión

Filosofía

Un gran error filosófico y moral

Escrito por jesusfrancosanchez 03-06-2017 en Filosofía. Comentarios (0)

Heleno Saña disiente del pensamiento heideggeriano en La filosofía de Heidegger. Un nuevo oscurantismo (2016). Ya que el filósofo alemán es tenido por muchos como uno de los más sobresalientes del siglo XX, el libro del escritor barcelonés supone, en primer lugar, una contribución a la desmitificación de aquél y, por ende, una defensa de la Verdad. Lo que realiza a través de un documentado trabajo y con la elegancia y lucidez habituales.

El sistema de ideas del autor germano no es en modo alguno original,

‹‹sus posiciones fundamentales son replanteamientos, reinterpretaciones, reconstrucciones y sobre todo deformaciones y manipulaciones de actitudes ideativas anteriores a él. Es decir, no sólo hermenéutica, sino hermenéutica a menudo malintencionada››.

Se sirve para ello de malabarismos lingüísticos y de un estilo críptico. No obstante,

‹‹su insaciable afán de llamar la atención e impresionar››

no logra velar que

el problema de Heidegger no es el lenguaje, sino el pensamiento (Hassan Givsan).

Que Saña califica de ‹‹fraudulento››. Porque detrás de las tinieblas comunicativas y la especulación no hay verdad explicitada ni contenido concreto ni respuestas a los grandes problemas de la existencia;

‹‹su pretendido magisterio filosófico no ofrece al lector la orientación que este busca››.

Más bien

‹‹siembra conscientemente la confusión››.

Es más, entre la jerga heideggeriana el sujeto desaparece ya que

‹‹pierde su autonomía e identidad ónticas para quedar degradado a simple producto lingüístico››.

La cosmovisión heideggeriana es de naturaleza irracional, arbitraria, escéptica, regresiva, destructiva, pesimista y nihilista. Establece que

‹‹la verdadera identidad del hombre es la nada››,

lo que resulta una contradicción, y considera

‹‹la muerte como destino supremo del hombre, como su verdad más profunda y auténtica››.

Esta absolutización del ser-para-la-muerte

‹‹no es en el fondo más que un acto de evasión ante la propia vida››.

Como representante del nihilismo, la carencia de sentido de la vida no buscará compensarla mediante los valores inmateriales,

‹‹sino a través de un regreso a las fuerzas libres y elementales del Ser original no mediatizado por la evolución histórica››.

Heidegger se pronunciará finalmente por

‹‹un oscurantismo quietista basado en la adoración arcaizante del Sein (ser) de los fisiólogos presocráticos››.

Una situación de ensimismamiento en la que lo auténtico para él consistirá en la separación entre vivencia interior y conducta exterior. Reafirmará su perspectiva radicalmente subjetivista, reduccionista y narcisista. No habrá verdades objetivas e inmutables:

‹‹la verdad o autenticidad no se deduce de la relación dialéctica e interactiva entre el sujeto y el mundo objetivo, sino que se desarrolla y decide exclusivamente en el propio recinto interior del hombre››.

La hegemonía del Ser como lo Absoluto y Universal sobre el hombre mismo sustituirá a la explicación de la esencia a través de la existencia de Ser y tiempo (1927), su obra central. También en el Heidegger tardío permanece el vacío conceptual:

‹‹no nos explica claramente la naturaleza del mismo Ser destinado según él a dar sentido a la vida del hombre y fundamentar su existencia aquí y ahora››.

E igualmente, bajo la turbidez expositiva

‹‹subyace el propósito central de su pensamiento: la negación del homo humanus››.

En efecto, especialmente impúdico resulta la ausencia en los escritos del ‹‹filósofo de los Bosques Negros›› de las categorías de Bien y Alteridad. No hay dimensión ética ni social. No hay mención a la lucha personal y colectiva por transformar en sentido ascensional el orden establecido;

‹‹se desentiende completamente de las necesidades espirituales y materiales del ser humano››.

La realidad intersubjetiva queda degrada a

‹‹lo inauténtico por excelencia, esto es, a la relación impersonal y anónima››.

Pudiéndose hablar de

‹‹la perspectiva parasitaria e inhumana de su pensamiento››.

A lo que hay que añadir

‹‹su concepción germanocéntrica del ser humano, la historia y el mundo››,

su relativismo historicista y sus generalizaciones abstractas.

Por tanto, repudiar a Heidegger es hacer lo propio con la moral antihumanista de Nietzsche, su maestro en primer lugar. Esto es, rechazar la voluntad de poder, el superhombre, el desprecio a los débiles, la difamación del cristianismo, y el odio al amor y a la democracia1.

Ser y tiempo ha sido calificada por Hans Albert, uno de los autores que enjuició de manera negativa las aportaciones del filósofo teutón, como

el resultado de la arbitrariedad filosófica y de una corrupción del pensamiento filosófico en forma de mascarada trascendental.

Más allá de la terminología sui generis utilizada, Ser y tiempo es

‹‹la versión filosófica de la “revolución conservadora” predicada por los estratos intelectuales reaccionarios, revanchistas, nacionalistas y antisemitas de la nación››.

Por tanto, no hay que olvidar que la filosofía heideggeriana es

política de cabo a rabo (Pierre Bourdieu).

Saña no sólo reprueba el aparato conceptual de Heidegger sino también su carácter, ayuno de humildad y pleno de elitismo (“el problema del Ser planteado por mí no ha sido todavía comprendido”); su conducta, de índole muchas veces ambivalente; y su adhesión militante al III Reich. Karl Jaspers señala la afinidad entre la filosofía heideggeriana y el hitlerismo; Víctor Farias

‹‹no se contentaba con documentar profusamente la colaboración de Heidegger con el nacionalsocialismo, sino que establecía por añadidura un nexo causal entre su actitud política y su filosofía››;

y asimismo para Richard Wolin,

la implicación de Heidegger con el nacionalsocialismo, lejos de ser un episodio repentino y meramente biográfico, tiene sus raíces en las tendencias más acusadas de su pensamiento.

Como la resignación y el miedo, o el revanchismo y la hostilidad. Lo que permite concluir que

‹‹la filosofía heideggeriana es, en una de sus motivaciones primarias, una filosofía del resentimiento››.

A pesar de que tras la II Guerra Mundial no deploró su identificación con el nazismo, Heidegger se verá rehabilitado como filósofo y catedrático. Así, Foucault, Althusser y más tarde los representantes del postmodernismo2, devotos de la destrucción/deconstrucción de la metafísica, fomentarán

‹‹una nueva ola de heideggerianismo››.

Heidegger

‹‹tuvo la desdicha de consagrar sus dotes intelectuales al servicio de un gran error filosófico y moral, aunque él estuviera convencido de que había penetrado en los arcanos más profundos de la existencia humana››.

***

1 Consultar Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872) (2010), Nicolás González Varela.

2 El propio Heleno Saña en Breve tratado de ética. Una introducción a la teoría de la moral (2009), realiza el pertinente ajuste de cuentas con ‹‹la antifilosofía posmodernista››.


Ideas, fines, medios y estrategias para la mejora personal

Escrito por jesusfrancosanchez 16-03-2017 en Filosofía. Comentarios (0)

“Desnudaos del hombre viejo y vestíos del nuevo”, San Pablo.

Los contenidos, sintetizados y ordenados subjetivamente y liberados de teología, han sido tomados de “Pedagogía de la lucha ascética”, Víctor García Hoz, 1946.

IDEAS

El sujeto como agente

“Cada uno es el que a sí mismo se salva o se condena” ya que “en cierto modo las circunstancias que rodean a cada hombre dependen de él mismo”. Este enfoque permite abandonar el victimismo y considerar a la persona como capaz, activa y operante.

La lucha es factor de vida, permanente, interior, ofensiva y de contenido moral

El enfrentamiento con las dificultades y las contradicciones, y a las pruebas duras y los aprietos, connatural a la existencia y continuo, habrá de ser esforzado, decidido, recio y corajudo, abandonando por tanto regalos, comodidades y blanduras condescendientes, y dotará al ser humano de perfectibilidad gradual y progresiva, y de heroísmo, acometividad, audacia y valor a sus actos; hasta llegar a engendrar “la alegría en los tiempos duros” y “en medio de dificultades”, y sentir “predilección de verse metido en guerras, porque donde están hay esperanza de triunfo”, así como confianza en que “puestos los trabajos indefectiblemente se consigue la victoria”.

Algunas advertencias: “en las batallas se conocen las propias fuerzas, no en la paz”; “muchas virtudes necesarias corren peligro de desaparecer en medio de los éxitos” ocasionando “obras o pensamientos dañosos por falta de ejercicio” o por “complacerse en lo sensible apartándose de lo moral si la voluntad no vigila constantemente”.

Entendimiento, preparación, voluntad, valentía y moderación son algunas “cualidades de un hombre digno de ser tenido por tal”

“En todas partes hemos de hallar batalla que ejercite nuestras fuerzas”, con “ánimo resistente que aguanta uno y otro trabajo y combate con uno y otro enemigo sin desmayar” ya que “la misión del espíritu es acometer la empresa”, rehusando la huida porque “el espíritu acostumbrado a lidiar en lances duros no retrocede ante las dificultades”. Hasta conseguir “a través de repetidas pruebas” un “hábito virtuoso”.

El hombre “llevará más ligeramente los trabajos teniéndolos prevenidos” puesto que “el peligro de la emoción-choque quedará menguado en quien está preparado” y en “situación de no maravillarse de trabajo ninguno que le venga”. La preparación en sí posee un valor moral “independientemente de que la obra llegue a realizarse” ya que “es valiosa la buena disposición de la voluntad”; siendo en ésta donde se sitúa la lucha y la que ha de ponerse “al servicio del ideal”, ejercitándola “en el desempeño de su oficio dominador”.

No se ha de olvidar que “conocimiento y acción están en trabazón íntima”, debiéndose traducir en vida las ideas elaboradas. Asimismo se ha de “obrar conforme a razón”, estando el espíritu “hecho para pensar mucho”, habiéndose de “crear lo verdadero con reflexión”, y requiriéndose “agudeza de conocimiento para conocer la guerra sin necesidad de que los enemigos se echen encima”, los cuales “jamás descansan ni duermen”.

Previene contra el “exceso o inadecuación al estado en que se encuentra el hombre”: “mirad no se hagan pesados vuestros corazones con demasiado comer y beber” ya que “con el cuerpo pesado y harto de mantenimiento, muy mal aparejado está el ánimo”; contra el “desordenado deseo de hacienda”, aconsejando “no acongojarse por el alimento ni tampoco por los vestidos”; contra “la preocupación del alma que antepone los bienes materiales a los espirituales”; contra la vanidad que “descansa sobre una ficción”; contra “la pusilanimidad de corazón”; y contra el “apetito desordenado de la propia excelencia”. Siendo esta soberbia “el principio de todos los males”.

“La valentía existe en función de un fin superior (acometer cosas grandes y arduas empresas) por el cual el hombre está dispuesto a tolerar peligros y padecimientos”.

El enemigo está en el interior, donde las fuerzas del mal y del bien están en perpetua pugna

“El mal, en potencia, se encuentra dentro de nosotros”, quienes estamos “sujetos al error”. Así “el obstáculo no está en las ocasiones externas, sino en la situación interna”. Lo cual no se ha de tomar “con semblante huraño, sino proclamando la situación de privilegio que significa el hecho de luchar constantemente”.

“Hay que realizar la paradoja de domar el cuerpo y el espíritu para adquirir un espíritu indomable”.

“La lucha del hombre es, pues, lucha contra el mal”.

“Ninguno se tenga por seguro”

Todo es movedizo e inconsistente; “el tener conciencia de la inexistencia de peligros es un engaño”, correspondiendo al hombre “una postura de vigilancia constante y firmeza inconmovible”, puesto que “mientras la vida dure no ha vencido completamente el hombre a sus enemigos”.

“Ni caída ni victoria debe apartarnos de seguir la lucha”

En caso de derrota “saldrá perfeccionado el luchador si sabe aprovecharla” y debe “imitar a los caballeros esforzados, a los cuales la vergüenza de ser vencidos y el dolor de las heridas no solamente no hace huir, más antes los incita a pelear”. “Tras del contraste del error y la verdad se graba ésta con más fuerza”. La caída “presente en la conciencia por el recuerdo, puede informar al hombre para su futura actuación, impidiendo nuevas caídas e imprimiendo en el espíritu decisión más fuerte de borrar con futuras actuaciones el mal de la pasada”.

Y en caso de victoria, ésta “debe llevar a nuevos triunfos en lugar de al descuido”, porque “la vida no es un estado; no se está en la vida, sino que se va, y peleando constantemente”.

FINES

La auto-construcción integral

Hacia la unificación de nuestra vida, transmutada “en vida verdaderamente valiosa”, que se “desenvuelva en toda su plenitud” al poner “en ejercicio del modo más intenso todas las facultades del hombre”. Vida que busca “el perfeccionamiento intencional de las facultades específicamente humanas”,  así como “la verdad limpia y recta que hay en las cosas y en el acontecer del universo y del yo”.

Se ha de llevar a todas partes no “manifestaciones fragmentarias” de la personalidad, sino “la persona entera”.

El dominio de sí mismo

Hace referencia al hombre “dueño de su vida” que “puede hacer de ella el uso que su razón le presente como más valioso”. Implica “un atletismo moral autoconsciente”.

“El señorío de sí mismo es una elevación de la dignidad humana”, el “principio ordenador de toda nuestra actividad”, la “armonía de las tendencias del hombre ordenadas al bien”. De modo que “la virtud y aprovechamiento de cada uno no se ha de medir sino por la fuerza que cada uno se ha hecho y por la victoria y señorío que ha alcanzado de sí mismo”.  En pos del “impulso al bien” y de “alcanzar las virtudes, poseerlas y practicarlas”.

Es muy conveniente “venir al abismo del propio conocimiento para poseer la verdad de nuestras fuerzas”, de “nuestras posibilidades con vistas a la actividad” y “como una de las formas del propio dominio”.

El dominio del mundo exterior

“Tiene por objeto el mundo”, su conocimiento “en relación con el fin del hombre”.

“En el mundo tropieza el hombre con la resistencia a sus proyectos, con la oposición de las circunstancias, con los valores negativos, con el dolor y la lucha, en suma”.

Insta a “no maravillarse de los acontecimientos”, a la impasibilidad “porque el bueno, ni se engríe con la prosperidad, ni desmaya con la adversidad”, a “cercenar todas las superfluidades y demasías”, llegando a la “alegría para recibir lo que de fuera nos viene”; así como al “desasimiento de los bienes” para que “el hombre nade encima de las cosas y no se deje ahogar en ellas”.

Podemos utilizar “incluso el dolor y las contrariedades” para nuestros fines.

La paciencia y la alegría son “expresión del dominio del mundo”.

Y un recordatorio: “cuando la voluntad está apegada a algo, en ese momento se hace esclava de ello”.

La libertad

Es “el mayor bien de la vida humana”, “consecuencia del dominio de sí y del dominio del mundo exterior”, “condición indispensable para que un acto sea moral y, por tanto, meritorio”, y “atributo a conquistar en lucha” puesto que “la verdadera libertad efectiva no es un estado previo en el hombre, sino el resultado de una victoria”.

Hace un llamamiento al “uso adecuado del libre albedrío” para nuestros fines.

“La libertad verdadera, la libertad interior y la libertad del espíritu son una misma cosa”.

Desarrollo de la vida espiritual, trascendental y amorosa

“En la decisión de vivir según el espíritu está el principio de la perfección”, dando “lugar preeminente a las virtudes interiores sin negar el suyo a las exteriores”.

Se ha de considerar la vida desde “una radical dimensión de profundidad”, obrando “por motivos superiores”, otorgando una “elevación trascendental a todos los actos de la vida”.

Incluso “un acto puede ser espiritual aunque se realice con el cuerpo”.

El amor es “el motor de la amistad” y posee “virtud igualatoria” y “transformativa”. Es el “substrato de todas las virtudes”.

Propugna la “inquietud amorosa de servicio”. De “servicio al bien por el camino honroso de las dificultades”.

Hacia la alegría

La alegría radica “en lo interior del hombre, no en lo exterior de las circunstancias”.

Permite “convertir la vida en suave carga”. Su emoción contraria es la de “la debilidad”, y está provocada por “la afición del hombre a las cosas”.

Sentencia que “en el mundo no estamos para gemir, sino para amar”, habiéndose procurar la expansión de las “tendencias más generosas del hombre”, y alimentar en nuestro interior “la alegría de una vida bella y elevada”.

MEDIOS

Meditación

Es “la aplicación trabajosa y constante a los problemas que el mundo interior o exterior plantea”, “la vuelta apasionada de toda el alma hacia su ser íntimo”, profundo, para buscar “la verdad entera”, la que “no se halla en lo exterior” (“en la corteza de los acontecimientos”), esa “sabiduría que conoce, saborea y transforma los conocimientos en vida intensa”, la proyección de “la conciencia hacia un ideal para ordenar a él la actividad venidera”.

Su fin es “mover a todo bien”, sirviéndose del esfuerzo como “el principal factor”.

“La lectura busca, la meditación halla… la lectura pone el manjar sólido en la boca, la meditación lo rumia y quebranta”. Avisando que “letras sin virtud son causa de muerte”.

Virtudes

Entendidas como “ejercicios de la voluntad”. Representan el “exponente máximo del señorío de sí mismo”. Asimismo encierran un “significado de fuerza”.

Describe entre ellas a la:

-  Prudencia: “es el exponente de la razón práctica”: permite la elección de lo más a propósito para nuestros fines. La experiencia, con sus aciertos y yerros, provee de “muchos avisos y reglas a la prudencia”. Hace igualmente alusión a la creatividad o ingenio que “tiene su manifestación más relevante en la transformación de circunstancias adversas en favorables”. También ayudan a esta prudencia la cautela y la serenidad “en los juicios para que sean verdaderos”.

-  Fortaleza: por ella “se consigue la victoria” y “el dominio de sí mismo”. Consiste en “la virtud del ánimo y grandeza de corazón”, estando “firmes e inmutables en los trabajos, dolores y peligros todo el tiempo que duren, sin que los temores nos hagan faltar a lo que debemos”. Si la dificultad crece “crezca también el ánimo y no se deje abatir por ella”.

-  Templanza: “representa la lucha del hombre contra sus tendencias innatas” (desordenadas). Su objeto es “moderar el uso del placer”.

Ejercicios del cuerpo

Rigurosos, para conservarlo en “la mejor disposición para servir al espíritu”. En general “revisten el carácter de asperezas”.

ESTRATEGIAS

Fundadas “no en loca presunción, sino en firme esperanza”. Al entendimiento “le compete la misión directora de la lucha”.

Se ha de “resistir a los comienzos”, con “denuedo, diligencia y fervor, porque no hay peor cosa que principiante flojo”, haciéndonos “fuerza al primer ímpetu” pues “si al principio no se rechaza al enemigo, luego crece y se fortalece”.

Hay que “perseverar o crecer en el bien comenzado”, ya que “lo valioso no es la arremetida, sino la larga perseverancia”.

Hemos de “crear contenidos psicológicos, tanto de orden representativo como afectivos, favorables a nosotros en la lucha”, no aguardando su realización “al tiempo de la pelea”.

El combate a los pequeños obstáculos permite que “con el uso vayamos cobrando fuerzas, y de la victoria de las menores vayamos subiendo poco a poco a vencer las mayores”.

Recomienda “atacar la raíz de los males”,  la “división de las fuerzas enemigas, siguiendo el aforismo: dividir para vencer”, y “hacer las cosas con perfección” y resolución.

Señala como provechosas las ocasiones para “combatirnos a nosotros mismos”.

Se ha de considerar la lucha “condicionada por las particularidades de cada hombre”.


Aproximación al ideario cínico

Escrito por jesusfrancosanchez 23-01-2017 en Filosofía. Comentarios (0)

Una de las cuestiones esenciales a abordar en la tarea transformativa integral de lo real ha de ser la elaboración de un conjunto de propuestas, ideas, referencias, guías, formas de vida, valores y metas alternativas mejorantes a lo establecido.

Para ayudar a la cumplimentación de dicho objetivo puede resultar de mucha utilidad la cosmovisión de la filosofía cínica.

La escuela cínica, fundada por Antístenes(446-366 a.n.e) tras trabar relación con Sócrates y tomar de él la firmeza de carácter y emular su impasibilidad, fue sobre todo un modo de hacer frente a la vida, una actitud vital encaminada a “transmutar los valores”.

Su forma de pensar (crítica, subversiva y revulsiva) hizo frente al idealismo platónico y la retórica convencional. Menospreciaban los conocimientos meramente teóricos o científicos. Ejemplificaban a través de los actos (sabiduría práctica).

Contribuyó a superar las barreras entre ciudadanos libres y esclavos, minó la idea de ciudad-Estado (atacando las instituciones políticas, las leyes y a los hombres de Estado atenienses), preparó una concepción universal del hombre y de la historia, luchó contra los prejuicios étnicos, condenó la esclavitud, ensalzó el trabajo (también el manual) y fomentó la espiritualidad.

Los cínicos se aplicaron al estudio de la ética, una ética individualista y libertaria. Propusieron vivir sencillamente, precisando pocas cosas, y de acuerdo con la virtud, despreciar la riqueza y la fama, y adaptarse a toda situación y lugar.

Pasemos a profundizar en su ideario, estableciendo categorías definitorias que se dotarán de contenido con el decir y el hacer de aquellos filósofos.

Libertad

No se ha de preferir ni anteponer nada a la libertad, ya sean placeres, oro o poder. Lo cardinal es llevar una vida elegida.

Las leyes y prejuicios nacionales niegan al hombre dicha libertad.

Así también son los hombres con su actitud mental los que se esclavizan o liberan. No serán las condiciones materiales las que liberten al ser humano, sino su disposición interior frente a ellas.

Democracia

Sin una ciudad democrática no hay ningún beneficio del ser civilizado.

Proclamaban la igualdad de sexos.

Verdad

Mónimo era muy riguroso en su desprecio de la opinión pública y en el hábito de perseguir la verdad.

Hay que atreverse a quebrar tabúes y convencionalismos, a discriminar entre lo realmente necesario y las vanas figuraciones.

Esfuerzo

Es un bien. “Yo soy un luchador”, decía Antístenes. Este valor, junto al ejercicio de la sobriedad y el endurecimiento de la sensibilidad posibilita hacer frente a las tentaciones del confort y el lujo, que suelen comprarse a costa de sumisión.

Sociabilidad

La convivencia en concordia de los hermanos era tenida por más segura que cualquier muro.

Defendían un cosmopolitismo que resonaba como una invitación a la fraternidad, al ser interpretado como una misma patria para todos los hombres (como una es la naturaleza de los hombres).

Fortaleza

Entre sus consejos estaba fortificarse contra las calumnias más que contra los apedreamientos y acostumbrarse a todos los rigores. Antístenes abrió camino a la impasibilidad de Diógenes (que habitaba en una tina, se acostumbraba a ser rechazado, soportó del modo más digno su venta como esclavo, para quien los débiles eran esclavos de sus pasiones, caminaba sobre la nieve con los pies desnudos y estaba sin ciudad, sin familia, privado de patria, pobre, vagabundo, tratando de subsistir día a día), a la continencia de Crates (que tenía como patria el anonimato y la pobreza y se ejercitaba en acostumbrarse a las calumnias) y a la firmeza de ánimo de Zenón.

No dejarse dominar por nada, por ningún contratiempo, ni por hambre, la sed y el frío, ni por el dolor físico, la pobreza, la humillación o el destierro, sino ver en todo ello una mera ocasión de probar la propia fuerza moral y de voluntad, una ocasión de endurecimiento en sentido corporal y anímico.

Austeridad

Conviene disponer el equipaje que en el naufragio vaya a sobrenadar con uno. Se impusieron como única prenda el basto tejido de estameña. Repudiaban la riqueza material, bastando con atender al mínimo, desechando lo accesorio.  Adoptaron un modo de vivir frugal, encontrando una solución para adaptarse a las circunstancias: Diógenes se doblaba el vestido según algunos por tener necesidad de dormir en él y enseñaba a cuidarse a uno mismo usando una alimentación sencilla y bebiendo sólo agua. Crates pasaba el invierno con unos andrajos.

Renuncia del hedonismo

“Prefiero someterme a la locura antes que al placer”, Antístenes. La victoria sobre el placer posibilitaría una libertad sin trabas

Rechazo de la vanidad, el elogio, el medro y lo superficial

Prescindían del boato. Eran indiferentes ante la nobleza de nacimiento y de la fama y de todos los honores, pues son adornos externos del vicio. Repudiaban la espléndida vida de la corte de Alejandro y a los oradores que buscaban la fama con sus discursos. Al ver figurones engreídos por su fama o su riqueza pensaban que nada había más vacuo que el hombre. Echaban en cara que la gente se demoraba en ir a los asuntos serios, se contentaba con el aspecto externo y no competía en ser honesta.

Reputaban mejor caer entre cuervos que entre aduladores; quienes estaban entre éstos se hallaban tan abandonados como los corderos entre los lobos. El discurso de elogio era un lazo meloso.

Virtud

Es enseñable y está en los hechos. “Evitar los vicios que tienes”, Antístenes. Que asimismo afirmaba que la única inmortalidad es la de la virtud. Diógenes oponía al azar el valor, a la ley la naturaleza y a la pasión el razonamiento.

Argumentos, reflexión y oratoria

Para el cínico la sensatez es un muro seguro, que ni se derruye ni se deja traicionar. Hay que prepararse muros en nuestros propios razonamientos inexpugnables. Rechazan los conocimientos generales, enunciando incluso Antístenes que los prudentes no debían aprender a leer libros, para no dejarse distraer con escritos ajenos. Los conocimientos han de escribirse en el alma, no en el cuaderno de notas, para que no se pierdan. Diógenes era admirable en su fuerza de persuasión y mágica la atracción de sus palabras.

“El individuo que se basta a sí mismo”

Encarnado por Diógenes, que decía haber sacado de la filosofía el estar equipado contra cualquier azar. Ofreció una lección de auto-suficiencia y enseñó el camino más ligero del vivir.

El bagaje del cínico es interior.

Crítica a la incoherencia <palabras-actos>

Se extrañaban que los oradores dijeran preocuparse de las cosas justas y no las practicaran jamás.

Independencia de lo material

Diógenes al observar una vez a un niño que bebía en las manos, arrojó fuera de su zurrón su copa, diciendo: “Un niño me ha aventajado en sencillez”. Arrojó igualmente el plato, al ver a un niño que, como se le había roto el cuenco, recogía sus lentejas en la corteza cóncava del pan. Crates dejó su hacienda como pasto para rebaños y arrojó al mar todo el dinero que tenía.

La verdadera riqueza es la del alma.

Fijación en la realidad

Diógenes, a quienes se angustiaban por sus sueños, les reprochaba no ocuparse de lo que hacían en la vigilia. Así mismo reconvenía a quienes en el ejercicio de la virtud dejaban de lado lo real y acudían a lo literario.

Repudio del dinero

“La pasión por el dinero es la metrópoli de todos los males”, Diógenes. Mónimo arrojaba las monedas del banquero con el que trabajaba para ser tildado de demente y así ser despedido, quedando libre para seguir las enseñanzas de Diógenes.

Entrenamiento espiritual y corporal

Uno sin el otro está incompleto. Tanto la buena disposición como el vigor son muy convenientes. En la vida nada en absoluto se consigue sin entrenamiento y éste es capaz de mejorarlo todo. El objetivo de este doble ejercitarse constante es la adquisición de los hábitos de una vida apuntalada en la virtud, entendida ésta como impasibilidad ante los continuos embates de la fortuna.

Totalidad

Diógenes citaba un verso de la Odisea homérica: “Hay que estudiar lo bueno y lo malo que acontece en nuestros hogares”.



BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

-  Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, Diógenes Laercio.

-  La secta del perro, Carlos García Gual.

-  Atlas del pensamiento universal, Heleno Saña.


Propuestas para la mejora de la persona y su resultante, la convivencia

Escrito por jesusfrancosanchez 30-12-2016 en Filosofía. Comentarios (0)

Los principios para la elaboración de este texto son los siguientes:

1.  Lo decisivo es la persona. Este enunciado, tan obvio como negado por el Estado y el Capitalismo, no ha de entenderse desde la óptica del egoísmo, el interés particular o la propiedad privada, sino como auto-construcción moral, comprometida y responsable para:

2.  La creación de nosotros de calidad. Esto es, de parejas, grupos, colectivos, comunidades… aptos para la convivencia, la génesis, debate y divulgación de ideas, y la actuación transformadora de lo real.

La bibliografía empleada ha sido: ‹‹Apología de Sócrates››, Platón; ‹‹Recuerdos de Sócrates››, Jenofonte; y ‹‹Vidas y opiniones de los filósofos ilustres››, Diógenes Laercio.

Sócrates (469-399 a.n.e) fue “el primero en dialogar sobre la manera de vivir”; de costumbres ordenadas; “diestro en hallar sus razones a partir de los hechos”, ya que consideraba “inútil la argumentación palabrera”; austero para los placeres sensoriales, durísimo frente al frío, el calor y todas las fatigas; y “el colaborador más útil en la búsqueda de la virtud”. Se expresó en su defensa “con la mayor franqueza, libertad y justicia”, y soportó la sentencia de muerte “con toda calma y virilidad”.

*

-  Dotar de grandeza y dignidad a la vida, a través de los ideales. “¿No te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores y, en cambio, no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible”. “Afán de superación es lo que más estimula hacia las acciones bellas y honrosas”. “Que se esfuercen por alcanzar preeminencia con su virtud”.

-  Arrostrar peligros por hacer lo que se debe. “No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo”. “Arriesgarse sin tener en cuenta ni la muerte ni cosa alguna más que la deshonra”. “No cedería ante nada contra lo justo por temor a la muerte”. “No voy a hacer otra cosa, aunque hubiera de morir muchas veces”. En este contexto: “es imposible llevar una vida tranquila”. Atreverse a ser el primero (en lo bueno).

-  Actuar desinteresado. “Por esa ocupación me encuentro en gran pobreza”. “Que cobro dinero, tampoco esto es verdad”. “Con estas palabras me consigo enemistades”.

-  Rechazar la molicie. “No te dejes arrastrar por la pereza, sino más bien esfuérzate en poner más atención a ti mismo”. “Un individuo que no examina lo mejor, sino que busca por todos los medios hacer lo más agradable, ¿en qué se diferencia de la más irracional de las alimañas?”.

-  Vida hermanada. Ayuda mutua. Comprensión hacia el otro. Reconciliación. “La mayoría se preocupaba de cualquier cosa más que de adquirir amigos”, que es la mayor ganancia. “Consideramos un gran beneficio hacernos amigos unos de otros”.

-  Una meta magnífica: la verdad. “Éste es el deber (…), decir la verdad”. “Esfuérzate en conseguir saber lo mejor posible aquello en lo que estés dispuesto a trabajar”. Investigación y reflexión para alcanzar la sabiduría, que es “el bien mayor”.

-  Otro ideal a perseguir: la virtud. “El mayor bien para un hombre es tener conversaciones cada día acerca de la virtud”. “Intentando convencerle de que se preocupe por la virtud”. “Es de ley corresponder con el bien a los que nos hacen bien”.

-  Entrenamiento físico, moral y táctico-estratégico. “Toda naturaleza puede acrecentar su valor con el aprendizaje y el ejercicio”, para llegar a ser hombres de bien. “Entrenando mi cuerpo para soportar las contingencias”. “Las virtudes aumentan con el ejercicio y el estudio”.

-  Discriminar entre contenido y apariencia. Desprecio de la mentira, la impostura, los sofismas y la oratoria hueca. Lo decisivo es el contenido. “Están simulando saber sin saber nada”. “Dicen muchas cosas hermosas pero no saben nada de lo que dicen”. “Simulando esforzarse e inquietarse por cosas que jamás le han preocupado”.

-  Honestidad. “Tengo conciencia de que no soy sabio, ni poco ni mucho”. “Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber”. “Ser honrados de palabra y de acción”. La mejor ocupación para un hombre es “obrar bien”.

-  Frugalidad: “¡De cuántas cosas no tengo necesidad!”, se decía al contemplar cosas en venta. Conformarse con poco, necesitar lo menos posible (de lo material). Modestia en vestir y calzar.

-  Responsabilidad y auto-corrección. “Los examinados se irritan conmigo, y no consigo mismos”, al mostrarles que no saben lo que creen saber. E igualmente: “reconozco no saberlo”: la admisión de la propia contradicción y carencia como primer paso para el cambio a mejor. “Una vida sin examen no tiene objeto vivirla”. “Pasar el tiempo examinando e investigando” para no equivocarse. “Prepararse para ser lo mejor posible”.

-  Pensar y actuar autónomamente. “A no ser que hicieras algo distinto de lo que hace la mayoría”. Para combatir la manipulación mental: “hablaban ante vosotros en la edad (joven) en la que más podíais darles crédito”. Juzgaba sabio y sensato al que, conociendo lo que es bueno y bello, lo practicaba. “La acción es más convincente que la palabra”.

-  Impasibilidad ante las circunstancias y fortaleza interior. En sus conversaciones dirigía a sus amigos hacia el dominio de sí mismos. Ejercitar el autocontrol, voluntariamente, ya que “lo mejor para el hombre es la templanza”. “Temer la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes del hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males”.

-  En pos de la integralidad. “Por el hecho de que realizaban adecuadamente su arte, cada uno de ellos estimaba que era muy sabio también respecto a las demás cosas, incluso las más importantes, y ese error velaba su sabiduría”.

-  Sobre el bien y el mal. “No existe mal alguno para el hombre bueno”. “Si me condenáis a muerte, siendo yo cual digo que soy, no me dañaréis a mí más que a vosotros mismos”. “No creo que naturalmente esté permitido que un hombre bueno reciba daño de otro malo”. “No es difícil evitar la muerte, es mucho más difícil evitar la maldad: en efecto, corre más deprisa que la muerte”.


En defensa de la amistad

Escrito por jesusfrancosanchez 09-12-2016 en Filosofía. Comentarios (0)

‹‹Compañía y conversación son los medios más poderosos para devolver al ánimo su tranquilidad››, Adam Smith.

‹‹Toda vida verdadera es encuentro››, Martin Buber.

‹‹Dar al otro una parte de nuestro ser es, en el fondo, una manera de recibirlo nosotros mismos en forma de plenitud interior››, Heleno Saña.

*

Una de las principales causas de malestar psíquico en el individuo de la ultra-modernidad estatista, capitalista y homogeneizadora es el declive de la vida hermanada.

Según datos del INE en el año 2013, en el territorio de lo comúnmente denominado España, se suicidaron una media superior a 10 personas cada día; en el año 2014 en torno a 4,5 millones vivían solas y se produjeron más de 100.000 sentencias de nulidades, separaciones y divorcios.

Las relaciones interpersonales, salvo honrosas excepciones, están sustentadas en una naturaleza líquida, superficial y mudable. El igual, siguiendo los principios del cálculo y el interés particular, es considerado como instrumento para lograr los propios fines, habitualmente orientados a la satisfacción de instintos primarios.

Hallar alguien que se atreva a dar un paso por el otro sin esperar una recompensa es una tarea ardua. Nociones como amor en actos, desinterés, magnanimidad, servicio al prójimo y ayuda mutua no encuentran lugar en el conjunto de ¿valores? del sujeto medio. El bien, entendido como categoría transpersonal, ha sido sustituido por la reclusión en la cárcel del yo, donde es protagonista la consigna stirneriana ‹‹mi causa es sólo lo mío››.

De lo cual sólo puede resultar un humano desvalido, que busca compensar sus carencias axiológicas y vinculares en el manejo enfermizo de aparatos tecnológicos, en el consumo de tóxicos y en la interacción con animales domesticados.

*

Montaigne, en su ensayo Sobre la amistad, escribe: ‹‹no hay nada a lo que la naturaleza nos haya encaminado más que a la asociación con nuestros semejantes››.

Para el humanista ‹‹el punto máximo y esencial de la perfección de esa sociedad de los hombres es la amistad››. La cual ‹‹es espiritual y el alma se refina al practicarla››. Amistad y afecto son los frutos más propios de ‹‹nuestra libre voluntad››.

En el apogeo de la otredad afirma: ‹‹en la amistad de la que hablo, las almas se unen y se funden la una en la otra en una unión tan absoluta que borran la costura que las ha unido y no la vuelven a encontrar››.

El filósofo francés recuerda que ‹‹en la amistad no hay otro negocio ni comercio que el de ella misma››. La noble relación consiste en actuar sin reservas, ‹‹desde lo más recóndito del corazón››. Lo que exige que ‹‹todos los resortes estén perfectamente limpios y seguros››.

Lo mío y lo tuyo han de ceder ante el empuje de lo común.

*

Cicerón, en Lelio o De la amistad, nos exhorta a que antepongamos ‹‹la amistad a todas las cosas humanas, pues nada es tan apropiado a la naturaleza›› ni mejor, tal vez ‹‹exceptuada la sabiduría››.

Para el estoico, la amistad no puede darse sino ‹‹entre buenos››. Vale decir, ‹‹la amistad no puede existir sin la virtud de ningún modo››. Difícilmente puede pervivir una amistad ‹‹si te has apartado de la virtud››. Al poner el acento en la valía personal, serán dignos de la amistad quienes ‹‹en ellos mismos está la causa de que sean amados››.

El romano tacha de absurdo deleitarse con ‹‹cosas vacías››, como la gloria, y no hacerlo ‹‹en sumo grado con un espíritu, provisto de virtud […]; nada hay más agradable que el intercambio de afanes y lealtades››.

El autor de Los oficios se pregunta ‹‹¿cómo puede ser vivible una vida que no descansa en la mutua benevolencia de una amigo? ¿Qué más dulce que tener con quien te atrevas a hablar de todas las cosas así como contigo? ¿Qué fruto tan grande habría en las cosas prósperas, si no tuvieras quien se alegrara con ellas igual que tú mismo? Y sería difícil sobrellevar las adversas sin aquel que las sobrellevara más gravemente incluso que tú››.

También señala que la amistad ha de ser buscada sin intenciones de obtener recompensas, ya que ‹‹todo su fruto está en el amor mismo››. De los servicios ‹‹debe acordarse aquel al que han sido conferidos, no recordarlos el que los confirió››.

Igualmente juzga una amistad sin tacha aquella en la que existe ‹‹comunidad de todas las cosas››. ‹‹Lo más grande en la amistad es que el superior es igual al inferior››.

Realizar y solicitar ‹‹cosas honestas›› y justas, guardar verdad y fidelidad, y aconsejar bien son leyes a seguir en la amistad.

*

La meta por recuperar la convivencia ha de situar la amistad como uno de sus pilares, integrante imprescindible de la vida buena. Una oportunidad además para llevar a cabo, unidos, causas grandes.