Ética, Dignidad y Autogestión

La involución de un Concejo del Alto Guadalquivir durante la Baja Edad Media

Escrito por jesusfrancosanchez 17-02-2017 en Andalucía. Comentarios (0)

José Rodríguez Molina analiza en El Concejo de Baeza (siglos XIII-XV) el desarrollo del mismo durante la etapa señalada.

En Baeza, conquistada por los castellanos en 1226 y una de las cuatro grandes ciudades del entonces reino de Jaén, se aplicó el fuero de Cuenca, a diferencia de los reinos cordobés y sevillano donde la Corona se apoyó en un fuero de larga tradición centralizadora, el de Toledo 1.

El concejo de Baeza estaba compuesto, en su calidad de órgano de gobierno, por la asamblea de todos los vecinos con capacidad decisoria en los asuntos públicos fundamentales. Este comportamiento participativo y resolutivo generalizado mantuvo su vigencia hasta mediados del siglo XIV 2.

Las competencias de la asamblea se proyectaban a todos aquellos asuntos que se relacionaban con el bien común de la ciudad.

La amplia participación ciudadana en la asamblea queda avalada, asimismo, por el hecho de ser ésta convocada según uso y costumbre a campana repicada en la mayor iglesia de la ciudad, índice evidente del gran número de pobladores que en dicho concejo tendrían cabida.

Alfonso XI (1312-1350) reforma la estructura del municipio reemplazando el concejo abierto por el regimiento, restringido y designado a dedo 3.

Esta decisión terminará por restar responsabilidades y operatividad a la tradicional asamblea popular que, a pesar de las revueltas protagonizadas, quedará reducida a una reunión de puro trámite. Sólo tendrá derecho a ser informada de los acuerdos que considere oportuno comunicar el reducido grupo de patriciado urbano elegido y cuidadosamente controlado por la Corona. El papel de los vecinos es ya puramente pasivo y receptor de decisiones tomadas sin su presencia y consulta.

La institución regia intensificará la vigilancia del gobierno municipal con la introducción de nuevos factores de control desde finales del siglo XIV y durante todo el siglo XV con la designación de corregidores y justicias.

Los hechos se muestran consumados en el siglo XV: la aniquilación del poder político-militar popular y la restauración del orden social godo-romano por la Corona de Castilla (familia real, alto clero, nobleza y monasterios institucionales) 4.

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1 No obstante, para el caso de las aldeas dependientes de un gran municipio es de suponer que debían celebrarse con frecuencia concejos abiertos. Así, en Aracena y su sierra. La formación histórica de una comunidad andaluza (siglos XIII-XVIII), Javier Pérez-Embid Wamba recoge que los pobladores se reunían en asamblea en el atrio de la iglesia del castillo.

2 Para Nicolás Tenorio y Cerero, los concejos de Castilla surgen en el siglo IX, significan ‹‹la emancipación del estado llano en los reinos de Castilla y León›› y son ‹‹instituciones verdaderamente libres››. El Concejo de Sevilla.

3 Reglamentación de la vida de una ciudad en la Edad Media. Las ordenanzas de Baeza, Carmen Argente del Castillo Ocaña y José Rodríguez Molina.

4 Revolución en la Alta Edad Media hispana (inédito), Félix Rodrigo Mora.


El fin del campesinado en Andalucía

Escrito por jesusfrancosanchez 13-02-2017 en Andalucía. Comentarios (0)

En El fin del campesinado: transformaciones culturales de la sociedad rural andaluza en la segunda mitad del siglo XX. Salvador Rodríguez Becerra y Clara Macías Sánchez (coordinadores), se señala el antes y el después en el mundo rural andaluz a raíz de los cambios impelidos por la penetración reguladora del Estado en la vida cotidiana, la subordinación política, la inserción del capitalismo en el agro, la reconducción de la producción agropecuaria para el abastecimiento y el avance del sector industrial y urbano, la universalización del sistema educativo y sanitario, la mecanización agraria, el éxodo rural hacia la ciudad, la proletarización y la institucionalización del ocio orientado al consumo privatizado como forma de control social.

La sociedad agraria, un sector de población que hasta hace pocas décadas alcanzaba hasta el 60% de la población total española, ha desaparecido como forma de cultura para asemejarse a la urbana; los campesinos se han convertido en productores o empresarios agrícolas, permanentemente subsidiados.

La patrimonialización, musealización y turistización de lo rural forman parte de su transición hacia una economía de servicios.

El resultado de todo ello es la modificación de hábitos, relaciones sociales y familiares, valores y creencias.

La definición del campesinado como categoría social en función exclusivamente de criterios productivos es errónea. Es necesario poner el acento tanto sobre las relaciones sociales entretejidas en el seno de la comunidad como sobre la ética de la subsistencia y no del beneficio y consumo. El esfuerzo del campesino por obtener los bienes necesarios se hacía evitando en la medida de lo posible recurrir al mercado o al trabajo asalariado.

El libro no aborda que el debate sobre la específica complejidad de la estructura del campo andaluz, con inserción preferentemente del latifundismo de monocultivo en el Valle del Guadalquivir y las Campiñas y del minifundismo de policultivo en la Penibética, ha obviado el comunal.

Los vínculos comunitarios basados en la familia, la vecindad, la amistad, la cooperación y la ayuda mutua estuvieron muy arraigados en muchas zonas de Andalucía y en determinados períodos de nuestra historia, sustituyendo a las transacciones mercantiles. La posesión de terrenos y derechos en común solía fundamentar materialmente la fuerza de tales vínculos 1.

En el siglo XIX, a raíz del proceso desamortizador estatal, las reivindicaciones campesinas no demandaban el reparto de la tierra, sino que exigían la devolución de los comunales enajenados. Y más aún, durante la segunda república española (1931-1936) en muchos municipios andaluces se seguía pleiteando por lo antaño usurpado 2.

La atribución causal de lo acontecido a ‹‹la fuerza arrolladora de la economía neoliberal›› resulta desacertada o, al menos, insuficiente.

Ello olvida la elaboración y ejecución estratégica, política y axiológica, de las clases mandantes ilustradas, liberales, franquistas y constitucionalistas para la desarticulación y dominación del mundo rural, mayoritario en la península Ibérica a comienzos del siglo XX, desafecto a la modernidad estatista y capitalista y poseedor de una respuesta diferenciada a la problemática de la existencia y libertad humanas 3.

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1 Vecindad y derechos comunales en la comarca de La Janda (Cádiz). Las hazas de suerte de Vejer de la Frontera y Barbate. Alberto Bernabé Salgueiro.

2 La tierra comunal en Andalucía durante la Edad Moderna. Antonio Miguel Bernal Rodríguez.

3 Investigación sobre la segunda república española, 1931-1936. Félix Rodrigo Mora.


Los corrales de vecinos en Sevilla

Escrito por jesusfrancosanchez 09-02-2017 en Andalucía. Comentarios (0)

Luis Montoto describe, a partir de la experiencia y el conocimiento vividos y con un estilo agradable y rico en expresiones cotidianas, la vida y costumbres de las clases populares urbanas a finales del siglo XIX y principios del XX en los corrales de vecinos. Tales, de considerable número en la Sevilla de entonces, eran ‹‹la primera morada del pueblo trabajador››.


El cotarro, la casa de dormir, el corral de vecinos, la casa de vecinos, el partido de casa, la casa y el palacio constituían el elenco de alojamientos en función de las posibilidades económicas.

En el corral, de estructura cuadrangular con plantas baja y alta y un pozo o fuente de uso comunal en el centro, cada vecino tenía en alquiler una sala. El propietario delegaba en la casera la gestión diaria, siendo ella ‹‹verdaderamente la reina del corral››.

Cada habitante del corral tenía ‹‹deberes con relación a la colectividad››, como el mantenimiento y limpieza del edificio.

La dureza de la jornada diaria del trabajador la suavizaba éste a través del cante y el diálogo: ‹‹el trabajador canta que se las pela››; el zapatero remendón,que se apostaba en el patio, ‹‹canta al par que cose, y habla con el que entra y con el que sale, y con las vecinas…››. Las coplas, manifestación de la capacidad de la gente sencilla de generar cultura, se vinculan a ‹‹todos y cada uno de los momentos de la vida ››. En los cantares el pueblo ‹‹se nos presenta tal cual es››.


Montoto afirma sobre los niños, habituados al juego y a la “autonomía” de sus progenitores, que ‹‹están tan sanos y colorados que da gusto verlos››. La alimentación no es abundante pero en ningún momento cita la miseria, el hambre o el atraso (1). En el almuerzo del trabajador o en la mesa estaban presentes el pan (de Alcalá de Guadaíra), las legumbres, las patatas, la ensalada, el gazpacho, la fruta de temporada, el pescado (bacalao, sardinas, arenque) y el queso, en menor medida, y la carne, excepcionalmente.

La vida en compañía es la noción central: ‹‹viviendo en la misma casa se consideran como miembros de una misma familia››. Ello se expresaba en las diversas fiestas, familiares, religiosas o paganas autoconstruidas (‹‹con la sana intención de divertir al prójimo y regocijarse››) y en la taberna (lugar para consumir tabaco pero también para los tratos y el ocio en convivencia: ‹‹el vino, para que sepa a vino, se ha de beber con un amigo››).

El relato transmite, en fin, la hermandad, alegría, vitalidad, ayuda mutua y generosidad de aquellas gentes como contrapeso digno y civilizador a la escasez material. La verdad histórico-antropológica y el rescate de sus elementos positivos, tan necesarios hoy, han de prevalecer tanto sobre la idealización del pasado como de su abordaje con oprobio.

(1)  J.A. Lacomba en Historia contemporánea de Andalucía se entrega a estos tópicos: ‹‹sequía, paro campesino y hambre fueron las plagas que azotaron el mundo rural andaluz en los inicios del XX››. Cita a Azorín, para quien el mal de Andalucía era que no se comía y ello acarreaba anemia y tisis. También a Blas Infante, cuya interpretación de la historia de Andalucía, por lo demás, no resiste un análisis crítico. Cuánto más si las posibilidades de obtener alimentos en el medio rural superan con creces a las de la urbe. ¿Por qué el doctor en Historia Lacomba no se escandaliza del liberalismo impuesto a golpe de espada, Guardia Civil, sufragio censitario, ferrocarriles y derecho positivo expoliador?