Algunas certezas sobre la guerra civil española

Escrito por jesusfrancosanchez 17-07-2017 en Recuperando la historia. Comentarios (0)

‹‹La historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad››, Cicerón.

‹‹Las fuerzas morales constituyen uno de los asuntos más importantes de la guerra››, Karl von Clausewitz.


Se pretende dar continuidad al texto “Mitología moderna: el ejemplo de la II República española”, en el que sintetizábamos los contenidos de la obra de Félix Rodrigo Mora sobre dicho fenómeno histórico. Para ello, se recogerán los factores de génesis, desarrollo y resolución de la Guerra Civil española expuestos en aquélla, “Investigación sobre la II República española, 1931-1936”.


  1. La Guerra Civil fue, en lo esencial, ‹‹una guerra preventiva contra una situación cuasi-revolucionaria en desarrollo de las clases trabajadoras, en particular de las rurales, en muchos territorios sometidos al Estado español››.

La pregunta cardinal es ¿por qué hubo una guerra civil en España? Responder a ella ‹‹desde la intrahistoria y la naturaleza concreta del orden social, averiguar el qué y porqué sin quedarse en el cómo es lo historiográficamente necesario››.

En la primavera de 1936 la fractura social debido al antagonismo II República-Pueblo ‹‹ya no podía ser resuelta desde y con el parlamentarismo, según los intereses de las élites del poder››.

La acción ‹‹espontánea, apartidista y asindical›› de las clases populares se desbordaba de forma creciente. Se produjo un abandono de los pueblos de patronos, burgueses, directivos… así como de ‹‹diversas autoridades del Estado››, debido al ‹‹vencimiento de facto de la guardia civil››, instrumento principal, y aborrecido por el campesinado, para ‹‹imponer [empleando ‹‹la fuerza con el mayor rigor, desde la tortura hasta el ametrallamiento de multitudes››] la propiedad privada capitalista en la agricultura, cobrar los tributos, realizar la recluta forzosa de quintos, aplicar el patriarcado, efectuar la hegemonía de la ciudad sobre el campo y hacer cumplir la legalidad toda emanada de Madrid››. Se sumaron numerosas huelgas: obreros de la construcción, metalúrgicos, cerveceros, trabajadoras de la confección, empleados de industrias químicas, madera, hostelería, agua, gas y electricidad, camareros, etc.

El poder estatal y el capitalismo1 se desmoronaban ‹‹en beneficio de los nuevos poderes locales de tipo popular››. El antagonismo entre el Estado y el vecindario es ‹‹la clave primera para interpretar lo que sucedió››.

Dado que la República no pudo contener la situación, ‹‹tuvo que intervenir el ejército››.

La República había fracasado en el cumplimiento de su misión2 (‹‹garantizar la paz social, vertebrar al país, reforzar al ejército, fomentar la industrialización, desarrollar el aparato estatal, hacer de España una gran potencia colonial, garantizar y acelerar la acumulación de capital, asimilar a los pueblos no españoles con los estatutos de autonomía, desarticular la resistencia rural a la modernidad y nacionalizar a las clases modestas, aculturándolas3››) y debía ser sustituida.

Así, el alzamiento del ejército español, de nuevo axial ya que el aparato militar es ‹‹el componente decisivo de todo Estado››, fue contra las clases populares, cuya insurgencia esos meses, particularmente en el campo, ‹‹terminó por desbordar al gobierno de Frente Popular››; sólo secundariamente contra la República como sistema de dominación, ya inservible para las élites del poder, cuyo designio era ‹‹relanzar a España en tanto que potencia imperialista de rango medio››. A lo que el mundo rural suponía un obstáculo y ‹‹tenía que ser aniquilado››.

‹‹El estudio detallado e imparcial de lo que efectivamente sucedió en la base de la sociedad entonces, que apenas ha sido iniciado, es una de las grandes tareas historiográficas pendientes››.

La insurrección militar se hizo en primer lugar para ‹‹salvar a España›› de los peligros del “caos” y la “desintegración”. Sólo en un segundo momento, y de manera subordinada, los militares ‹‹se oponen al sistema jurídico-político parlamentarista y partitocrático, que en ese tiempo era republicano (hubieran hecho lo mismo en caso de ser monárquico), para instaurar una dictadura››. Una dictadura militar con maneras fascistas.

Lo decisivo, hay que enfatizarlo, fue ‹‹la presencia y función del ejército, vale decir, del aparato estatal4››.


  1. Al menos tres conspiraciones militares confluyeron en fechas anteriores al inicio de la guerra civil.

De una parte, ‹‹la de los jefes y oficiales de la UME››, de otra, ‹‹la de la junta de generales con sede en Madrid››, y finalmente, ‹‹la urdida por Mola desde Navarra››. La actuación de las tres fue ‹‹de forma paralela e independiente, manteniendo contactos episódicos, aunque la que proporcionó el grueso de la estrategia realmente aplicada fue la establecida por Mola››.

El 8 de marzo de 1936 tiene lugar un ‹‹encuentro clandestino de los principales mandos del ejército, Franco incluido››. En él aún se confía en que ‹‹el Frente Popular desarticule y paralice el auge cuasi-revolucionario de las luchas populares››. Asimismo se proyecta y organiza el levantamiento, que ‹‹sólo se desencadenaría en el caso de que las circunstancias lo hicieran absolutamente necesario››. Lo que se materializa en abril-junio de 1936, al ser el cuerpo armado de la guardia civil ‹‹arrollado por la acción popular››. Se hace, por tanto, ‹‹necesario acudir a una gran operación de policía contra el pueblo/pueblos, dirigida y realizada por la institución castrense››.

Los jefes militares se sirvieron de ‹‹la información proporcionada por los servicios secretos y los aparatos policiales, en particular la guardia civil››. En los archivos de este cuerpo policial, encargado de vigilar y constreñir al mundo rural, epicentro de la gran conmoción, ‹‹tienen que estar las claves fácticas del porqué de la guerra civil o, lo que es lo mismo, los datos más completos de la situación de flujo cuasi-revolucionaria de las multitudes, las agrarias sobre todo, en la primavera y verano de 1936››.

Tanto el ejército como el resto de las instituciones estatales, además de la clase patronal, ‹‹esperaron hasta el último momento›› para lanzarse al baño de sangre. ‹‹La guerra civil representó para España una verdadera catástrofe económica››.


  1. El Pueblo, entendido como la gente común sin poder y apartidista, ‹‹no estuvo con ninguno de los dos contendientes››, especialmente en la ruralidad.

‹‹En la primavera-verano de 1936 la gran mayoría de las luchas agrarias las convocaban las organizaciones locales, no los organismos dirigentes, y ni siquiera los provinciales, de los sindicatos […], esas masas autónomas y ya no sometidas a control sí eran peligrosas para el Estado››.

Los ‹‹cientos de miles de afiliados›› a los partidos y sindicatos afectos al Frente Popular van a ir ‹‹distanciándose e incluso rompiendo con sus organizaciones en los meses de la primavera y verano de 1936 […] al constatar la torcida trayectoria de aquéllos››.

La izquierda, sólo atenta a ‹‹lo fisiológico, monetario y consumista››, concepción habitual del obrerismo, no logró ‹‹establecer lazos sólidos con las clases populares››, quienes solían considerar con más estima la dignidad o el amor al prójimo. Además, el PSOE [‹‹un partido de Estado para obreros pero no un partido obrero››] y el resto de la izquierda en los años previos al conflicto carecieron de un programa que les permitiera ‹‹persuadir cualitativamente a los sectores más avanzados. Su previa derrota intelectual fue parte decisiva de su derrota política y militar en 1939››. La separación entre la izquierda y los trabajadores fue un hecho de ‹‹enorme importancia para explicar la victoria de Franco››.

La política represiva de la II República contra las clases laboriosas propició la desafección de éstas hacia aquélla. Por ello, el republicanismo y el frentepopulismo izquierdista, al generar con su actuar violento y persistente la desmovilización de las clases populares5, ‹‹fueron elementos causales determinantes para que el ejército, la Falange y Franco se alzasen con la victoria en 1939››. Asimismo, un factor que facilitó el triunfo del franquismo ‹‹por inhibición de amplios sectores populares›› fue la ejecutoria caciquil y monetizada de la socialdemocracia6.

La II República fue ‹‹expresión reafirmada de los privilegios de la gran urbe y la industria. Esto contribuye [también] a explicar la pasividad y mentalidad del campesinado en la guerra civil››.

Un dato importantísimo para calibrar ‹‹la agresividad anti-rural y anti-civilizacional de la II república›› es que no hubo prácticamente guerrilla campesina republicana antifranquista ni quintacolumnismo antifascista urbano en 1936-1939. ‹‹Sin duda, una potente guerrilla campesina7 operando en la retaguardia del franquismo durante la guerra civil le habría desarbolado››. Tampoco existió guerrilla antirrepublicana.

Otro dato esclarecedor al hilo de lo comentado es el siguiente: a la llamada para la inscripción en la cenetista columna Durruti (el cual, por lo demás, ha sido sobrevalorado ‹‹en tanto que supuesto revolucionario proletario››), que partió de Barcelona para tomar Zaragoza en los primeros días del conflicto, se esperaban 12.000 milicianos pero se presentaron menos de 3.000. ‹‹Lo que se repitió una y otra vez, a pesar (o quizá por ello) de que el gobierno republicano asignó a los milicianos una soldada crecida, 10 pesetas diarias, bastante superior a la percibida por sus oponentes del bando franquista››.

Por no citar también que ‹‹cuando el ejército de Franco avanzó por Extremadura8 en el verano de 1936 no halló, salvo alguna excepción parcial, un campesinado entusiasta del Frente Popular ni del régimen republicano, aunque tampoco del franquismo. La posición ampliamente mayoritaria de aquél fue negar el apoyo a los dos bandos››.

Así, con el pueblo distanciado de republicanos y nacionalistas, la guerra civil ‹‹fue una pugna entre dos minorías, entre dos formas de poder, por tanto, dos modos de Estado y dos modos de capitalismo››.


  1. Durante los dos primeros meses de la guerra, la actuación popular ‹‹tuvo bastante aunque no lo suficiente, ni muchísimo menos, de revolución auténtica››.

El pueblo/pueblos, entendido como ‹‹causa agente del devenir histórico […], erró, se equivocó, flojeó, falló, no estuvo a la altura de lo que las circunstancias demandaban››. Que en la primavera de 1936 era ‹‹planear, alentar y organizar la revolución››. Situación que no se constituye plenamente; sólo era un ‹‹escenario de ingobernabilidad ascendente››. Había un cuestionamiento integral del Estado ‹‹aunque sin una estrategia coherente››.

La etiología de ello hay que situarla en la debilidad en el seno del Pueblo del ‹‹factor consciente››. Las clases populares se hallaban situadas en una posición defensiva, localista y sin considerar el futuro: ‹‹buscaban impedir que el ente estatal, las nuevas tecnologías agrarias, las grandes infraestructuras, la hegemonía del mercado, la agobiante presión del aparato fiscal y la tiranía del dinero alteraran su muy estimado modo de vida››, colectivista y autogestionado, pero carecían, ‹‹salvo de forma vaga, intuitiva e imprecisa›› de un proyecto para derrocar al Estado y la gran empresa9.

‹‹La voluntad popular›› no se expresaba en las urnas sino en las movilizaciones que se sucedieron en la primavera y verano de 1936. Tales actos de afirmación ‹‹no tienen en sí un carácter plenamente revolucionario consciente, pero sí se encaminan a crear más y más espacios de libertad donde la presencia o influencia de los poderes totalitarios en activo sea nula o al menos lo más exigua posible››.

‹‹El pueblo/pueblos desacertó en diversas cuestiones decisivas en un momento histórico preñado de enormes posibilidades emancipadoras. Al actuar del modo que lo hizo repetía los errores que llevaba siglos cometiendo››.


  1. En modo alguno pueden aducirse el hambre y la pobreza como ‹‹causa agente de la guerra civil››.

Durante los decenios anteriores a la contienda ‹‹el nivel de consumo, la esperanza de vida, la adquisición de bienes y otros factores estuvieron mejorando progresivamente››.

Esta mejora material fue lograda en modo alguno por ‹‹la política y legislación republicanas, rigurosamente parciales hacia la clase empresarial››, sino gracias a ‹‹la continua agitación social››, a ‹‹la colosal capacidad de autoorganización y movilización de las clases populares entonces frente a las instituciones y la patronal›› y a ‹‹la elaboración y realización de numerosas formas de ayuda mutua, asistencia cooperativa y otras10››.

No obstante, ello no afectó en nada importante al ‹‹flujo cuasi-revolucionario del movimiento rural, lo que prueba que [el bienestar material] no era la meta de las movilizaciones, sólo un epifenómeno. En efecto, lo que estaba en ejecución era un gran choque civilizacional, un conflicto entre dos cosmovisiones, y no una rencilla por más dinero, más bienestar fisiológico y más consumo››.

Los comportamientos revolucionarios y combativos se dieron por ‹‹la riqueza espiritual de las clases populares de aquella formación social››. Vale decir, por ‹‹la calidad del sujeto››. Lo cual ‹‹arroja un gran jarro de agua fría sobre la concepción económica/economicista de la historia, la sociedad y el ser humano››.


  1. El aparato estatal español quedó dividido en sus componentes ejército y policía.

Esta escisión ‹‹fue bastante importante en el inicio y desencadenamiento de la guerra civil, así como durante toda ella››. Lo que ha de relacionarse con el tradicional apoyo manifestado por los republicanos al ‹‹imperialismo anglo-francés››. Durante la guerra los republicanos ‹‹fueron antifascistas también (y en bastantes casos sobre todo) para cooperar estratégicamente con Francia e Inglaterra, enfrentadas a Alemania e Italia››. Los facciosos no consiguieron la unanimidad deseada por ellos.

Hubo, por tanto, un ‹‹apoyo activo de numerosos oficiales al bando republicano, en particular en infantería e ingenieros. Lo mismo en el cuerpo de asalto que quedó en sus dos tercios leal a la república, mientras la guardia civil y los carabineros se dividieron mitad por mitad››. Que una parte del aparato militar tomase partido por la República sucedió mucho más por influencia de Francia e Inglaterra que ‹‹por ideales y convicciones, colectivas o personales››.

Veamos el caso de Barcelona. Donde en el sofocamiento de la rebelión militar ‹‹quienes desempeñaron una función determinante fueron la guardia de asalto y la guardia civil, que se mantuvieron leales al gobierno del Frente Popular con escasas excepciones, y una parte de la oficialidad del ejército de tierra así como todo el ejército del aire […] además del cuerpo de carabineros››. Sin estos actores, ‹‹las milicias obreras (en realidad milicias de partidos y sindicatos obreristas) habrían sido muy insuficientes para contener y derrotar a los militares que se habían pronunciado, sobre todo por carecer de una estrategia y un proyecto global de acción revolucionaria››.

En definitiva, existe ‹‹un ejército fraccionado en dos porciones que chocan entre sí. Las fuerzas políticas y sindicales adscritas al gobierno de Frente Popular no estaban preparadas para lo que aconteció, desempeñando una función importante pero con todo secundaria››.


  1. Fue general la inexistencia de ‹‹organismos de participación directa, obrera y popular, de naturaleza asamblearia, en la toma de decisiones políticas, sociales, culturales y económicas en la zona republicana››.

Una vez inhibida la ‹‹semi-espontaneidad popular de los dos primeros meses de guerra›› (la gente común alcanzó ‹‹logros revolucionarios, parciales pero muy auténticos, allí donde había sido vencido el levantamiento militar››) se va a instaurar en el territorio liberado del poder militar insurgente ‹‹una dictadura de los partidos políticos y los sindicatos [a través de los Comités y Consejos Municipales] afectos al orden legal republicano››, cuyo artefacto estatal se verá reconstruido desde el otoño de 1936; tarea en la que se unirán la socialdemocracia y el anarquismo, mayoritariamente. El poder de los comités desplazará ‹‹al de las clases populares, con el que convivió durante unos pocos meses. A su vez fue desplazado/integrado por el poder de la Generalitat/Estado republicano español››.

Los mencionados Comités, en empresas y fábricas, fueron ‹‹organismos de poder no subordinados a las bases, sino a la dirección de los respectivos partidos y sindicatos, o a los organismos del poder estatal republicano›› a medida que se iban rehaciendo. Los partidos y sindicatos de la izquierda se constituyeron en ‹‹nuevo capitalismo de Estado››, dueño de los medios de producción. Surgieron conflictos graves con los trabajadores, ‹‹incluidas huelgas y otras formas de resistencia obrera››.

Esta aplicación del parlamentarismo a las condiciones del momento, con los partidos y sindicatos ejerciendo simultáneamente de ‹‹nuevo poder estatal y nueva burguesía›› propició que ‹‹la mayor parte de la población considerase la guerra como algo ajeno y no lograra alcanzar un particular compromiso con la meta de derrotar al franquismo››. A partir de finales de 1936, ‹‹ya apenas nadie del proletariado deseaba voluntariamente ir al frente […], de manera que hubo que acudir a llamar y llevar constrictivamente a las sucesivas quintas››.

Las colectividades agrícolas de la guerra civil sólo tenían de tal el nombre, ‹‹salvo quizá alguna excepción, al ser una forma específica de capitalismo [neo-empresas] y estar dirigidas por el Instituto de Reforma Agraria››.

Las colectividades estaban guiadas ideológicamente por ‹‹el productivismo, el desarrollismo, el afán modernizador, la preferencia por el consumo material, la hegemonía de la ciudad sobre el campo y el culto por la tecnología11 […], sacrificaban a los seres humanos a las metas económicas: todo eso, en sí mismo, es capitalismo››.


  1. Las fuerzas antifranquistas en 1936-1939 adolecieron de una ‹‹grave debilidad moral››, la cual, constituida en los años republicanos, ‹‹fue un factor causal de primera importancia en su derrota››.

En el Estado totalitario, policial y legicentrista que fue la II República no hubo lugar para ‹‹la convicción interior del individuo ni su valía ética ni [para] la virtud cívica››, nociones que sólo pueden ‹‹arraigar y fructificar bajo la libertad››. En muchas unidades del ejército republicano era corriente ‹‹la falta de convicción, entusiasmo y combatividad de los soldados››, quienes desertaban a menudo; también en la retaguardia ‹‹no escasearon la indiferencia, preferencia por el consumo rechazando toda moral de sacrificio, resistencia pasiva, sabotaje, corrupción, negativa a respaldar el esfuerzo de guerra, manifestaciones y huelgas››. Estas acciones, por lo general, eran llevadas a cabo por la gente común que se oponía a ‹‹la nueva burguesía de los partidos y sindicatos de la izquierda, la cual llevaba una vida de privilegios materiales››.

Miguel Hernández, combatiente antifranquista en el ejército republicano, deplora ‹‹la ausencia de heroísmo de una parte de los milicianos que le rodean, a los que encuentra faltos de alma y excesivos de estómago››. Estos defectos son también señalados por Mika Etchebéhère para una parte de los integrantes de las milicias republicanas instaladas en Sigüenza: ‹‹irresponsabilidad, cobardía, torpeza, hedonismo, pereza y destructividad››12.

La fijación en lo económico y fisiológico como metas y el desdén por lo inmaterial (la ética, la voluntad, la afectividad, el análisis ateórico de la realidad, los ideales, la calidad autoconstruida de la persona, la generosidad, el sentido del deber, el espíritu de sacrificio…) propios del obrerismo13 ‹‹crearon un tipo de individuo de inferior calidad que resultó ser poco apto›› para librar combates. Esa concepción por sí misma ‹‹lleva a la derrota››. Para Stanley G. Payne los católicos españoles demostraron mayor disciplina, determinación y autosacrificio que los utopistas revolucionarios14.

La izquierda también practicó el terror durante la guerra civil, ‹‹no sólo contra los militares alzados, sino también y quizá sobre todo contra el pueblo/pueblos››. Violencia gratuita sumada a la quema de iglesias de quienes estaban imbuidos de ‹‹anticlericalismo burgués››, que el franquismo ‹‹capitalizó políticamente››. George Orwell, también combatiente antifranquista al igual que la autora de “Mi guerra de España”, ‹‹observa en Cataluña la acción de los dos fascismos, el de Franco al otro lado de las trincheras y el del PSUC (la sección catalana del PCE15, el cual fue en la guerra civil ‹‹una patética criatura-instrumento, sin voluntad propia›› y manejada por Stalin y Azaña) en la retaguardia››. Un asunto sobre el que ‹‹apenas nada se ha investigado›› fue ‹‹la represión de integrantes críticos de las clases populares, en desacuerdo con la nueva burguesía izquierdista››.

‹‹La II república, en su etapa bélica, inició una marcha hacia el totalitarismo y la conversión en Estado punitivo a gran escala. Primero permitió y alentó la persecución de los católicos. Luego de los marxistas heterodoxos del POUM [que reproducía la padecida por este partido a cargo del PC en la Unión Soviética]. En tercer lugar de los anarquistas, con los sucesos de mayo de 1937 como centro. Finalmente comenzó a ponerse violenta con los nacionalistas catalanes››.

Otros asuntos a consignar son ‹‹las disputas de poder entre los diversos partidos, una vez que se habían constituido como formaciones neo-estatales/neo-burguesas, y la incapacidad de la nueva burguesía antifranquista para regular la competencia entre ella, con el fin de realizar esa pugna con procedimientos económicos y políticos, sin descender a la violencia››.


  1. ‹‹Sobre la cuestión de la ayuda material y militar externa recibida por ambos bandos››.


  • La aportación ‹‹fue aproximadamente la misma›› para republicanos y franquistas, ‹‹unos 700 millones de dólares de la época››.

  • La alianza en Marruecos con anterioridad a 1936 entre la Falange, el ejército español y el clero islámico permitió que ‹‹unos 100.000 soldados musulmanes mercenarios luchasen al lado de Franco16, siendo decisiva su fuerza de choque, en íntima alianza con la Legión Cóndor enviada por Hitler››. A este tándem hay que añadir las tropas enviadas por Mussolini17.

  • También la república portuguesa contribuyó al triunfo del fascismo español, ‹‹sobre todo en los primeros meses de la guerra, en concreto, durante la decisiva marcha, en el verano de 1936, de las tropas franquistas desde Sevilla a Madrid en paralelo a la frontera portuguesa, abierta de facto para proporcionar a los facciosos ayuda variada››. Además, aquélla envió un cuerpo expedicionario para combatir al lado de los franquistas.

Hay que señalar que ‹‹hasta el otoño de 1937 la superioridad armamentística, financiera, industrial, demográfica y militar estuvo con el bando republicano››.

Richard Overy: las explicaciones materiales que hacen referencia a los recursos, la tecnología y el número de los combatientes no son suficientes. Clausewitz, ‹‹teórico por excelencia del arte de la guerra››, otorga importancia a ‹‹los factores inmateriales como son la corrección de la estrategia, pericia táctica, participación de las multitudes en la vida política, entrega consciente a la causa, calidad de las personas, superioridad moral, igualitarismo en hechos, ausencia de corrupción, buena organización política, mentalidad épica, respeto por el ser humano y voluntad de vencer››. Éstos ‹‹no son apreciados por los partidos republicanos››. La falta de estrategia, de un plan de conjunto sólidamente preparado (general Duval) resultó fatal para los republicanos.

  1. La Guerra Civil y las mujeres de las clases populares.

Hubo ‹‹mayor presencia, entusiasmo, autonomía y entrega de las mujeres en el bando derechista››. La Sección Femenina (falangistas y tradicionalistas) se acercó a las 600.000 afiliadas al finalizar la guerra civil; a esta cifra hay que sumar las féminas de organizaciones católicas. Así, ‹‹el conjunto de mujeres adscritas a organizaciones conservadoras debió ser próximo a un millón››. Por el contrario, el total ‹‹de las organizaciones femeninas republicanas y de izquierda no debieron llegar a las 100.000 en ningún momento […] Pero lo más llamativo era la diferencia en calidad, en la entrega, el entusiasmo y la voluntad de servir a la propia causa corriendo riesgos››. Como fue el caso de ‹‹las organizaciones clandestinas de mujeres fascistas y quintacolumnistas [p. ej. Auxilio Azul] en la retaguardia republicana [que] fueron sorprendentemente poderosas e hicieron una importante contribución a la victoria del franquismo››.

Las milicianas ‹‹fueron escasas […], duraron poco tiempo (en el otoño de 1936 la gran mayoría de ellas ya habían abandonado) y terminaron siendo rechazadas por todos los partidos y sindicatos del Frente Popular, así como por todas las organizaciones de mujeres de signo republicano e izquierdista, que efectuaron campañas de prensa para que las féminas en armas volvieran a la retaguardia››, lo que hicieron casi todas. Esta ‹‹misógina campaña de prensa y agitación callejera […] se inicia en septiembre de 1936, y la lleva adelante el primer gobierno de Largo Caballero, jefe del PSOE››.

El proyecto de la nueva burguesía antifranquista de 1936-1939 para las mujeres consistía en: ‹‹1) privarlas de las capacidades reflexivas, 2) expropiarlas la feminidad, 3) mantenerlas en trabajos mal pagados, sobreexplotarlas, 4) negarles la mayoría de las posibilidades de promoción social […] Ahora se entiende que muchas féminas rehuyeran a las organizaciones de mujeres del progresismo y la izquierda […], y que se dejaran atraer por el falangismo y el franquismo››. La misoginia de estos últimos ‹‹era de otra naturaleza, más hábil, centrada en la opresión de la fémina, sin duda, pero permitiendo a la mujer ser mujer hasta cierto punto, sin exigir que se auto-negase››.

El franquismo ‹‹agregó a muchas féminas a las fábricas de municiones y material de guerra [haciéndose, por tanto, partícipes y responsables del régimen de opresión], lo que fue de importancia para su triunfo en 1939››.

El ejército republicano ‹‹organizó un amplio sistema de mancebías […] Esa mercantilización militarizada del cuerpo femenino sólo fue denunciada por sectores del movimiento libertario. Con ello el bando republicano perdió la superioridad moral y se condenó a la derrota››.

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La derrota de los republicanos en 1939 queda explicada por ‹‹factores políticos (en primer lugar, la ruptura entre el pueblo/pueblos y el gobierno frentepopulista ocasionada por su feroz política represiva), morales, ideológicos y de calidad de las personas››, y de manera subordinada militares. ‹‹La república no podía ganar la guerra sin tener de su lado al campesinado, a las mujeres y a una amplia mayoría de la masas urbanas, y estas tres fuerzas no tomaron partido por ella (tampoco por el franquismo), salvo en facciones reducidas e insignificantes››.

Para Indalecio Prieto, jefe socialdemócrata, sólo contaba disponer de más medios y más elementos. Los dirigentes republicanos y de izquierda ‹‹creyeron en el primer año de la guerra que les bastaba con su superioridad económica [reservas de oro del Banco de España], financiera, industrial [pesada] y demográfica, y que contarían con la ayuda internacional, de manera que desdeñaron […] alcanzar el respaldo popular››.

La izquierda institucional, derrotada en 1939, se hará vencedora en 1974-1978, relevando al franquismo también en la falsificación de la historia contemporánea: ‹‹el victimismo y el emocionalismo fueron el todo. No hubo una asunción de responsabilidades sustentada en una explicación documentalmente fundamentada de la II república, el Frente Popular y el desenlace de la guerra civil, sino propaganda y más propaganda››.

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1 El colapso de la economía capitalista supuso ‹‹un factor notable dentro de la etiología de la guerra civil […] La gente pudiente se fue armando, e integrándose en la Falange [que también llegó a ‹‹ciertos sectores de trabajadores, proletarios y jornaleros que afluyeron a sus filas››] desde la primavera de 1936››. Al desarrollo del fascismo español contribuyó ‹‹la estrategia de Frente Popular, al poner explícitamente a la izquierda a las órdenes del capitalismo››. Si bien, el ‹‹principal partido fascista español›› fue el ejército, ‹‹la realización más importante de la revolución liberal››.

2 ‹‹El antifascismo burgués sugiere que si las clases trabajadoras hubieran detenido su ofensiva de la primavera y estío de 1936 el alzamiento militar no habría tenido lugar, lo que probablemente es cierto pero, a fin de cuentas, viene a argüir que si hay sumisión no se da la represión››.

3 Sin considerar el hecho de ‹‹la superioridad cultural de las clases populares sobre las élites políticas en la península ibérica›› no puede comprenderse el porqué de la guerra civil.

4 El golpe militar de 1936 fue financiado en primer lugar ‹‹por el propio Estado español››. Para lo que estaba ‹‹suficientemente dotado de ingresos hacendísticos››. El Estado resultó ser el ‹‹sujeto agente y principal beneficiario›› del levantamiento.

5 Por su parte, el estamento clerical en la guerra civil ‹‹estuvo, en general, con Franco, en lo que influyó bastante la no sólo inhumana sino también impolítica persecución a que estaba siendo sometido en el otro bando››.

6 Otros fueron empujados ‹‹hacia la derecha e incluso al fascismo, al verse violentados en sus convicciones, esperanzas, sentido de la justicia y libertad personal››. Muchos pequeños campesinos se hicieron ‹‹permeables a las propuestas de la derecha, luego de la Falange››, al constatar ‹‹el ansia de enriquecimiento de la nueva burguesía que se albergaba en el interior del PSOE-FNTT-UGT, deseosa de apoderarse de todo so pretexto de socialización››.

7 El campesinado, terminada la contienda, ‹‹crea y sostiene al movimiento del maquis, o guerrilla antifranquista autónoma [en el que estuvieron implicadas de forma ‹‹directa y militante›› más de 300.000 personas], que será con mucho la mayor resistencia al fascismo español [para la defensa de la sociedad popular rural tradicional, liquidada de forma definitiva en la década de 1960, pero no de la república] en toda su existencia, 1939-1977. A su lado la oposición antifranquista urbana, proletaria y estudiantil al régimen de Franco fue poca cosa. La amenaza, efectiva y sobre todo latente, que significaba el maquis rural en los años 1939-1942 fue un factor de importancia para que el franquismo no se sumara al Eje en la II Guerra Mundial››.

8 La denigración de lo rural a través de textos y documentales editados ‹‹bajo la segunda república o antes›› por literatos, cineastas y otros “intelectuales”, ‹‹ayuda a entender asimismo la durísima represión del mundo agrario que en el verano de 1936 realizan las columnas militares franquistas en su avance por Andalucía y Extremadura, que tuvo su peor episodio en la conocida como matanza de Badajoz, perpetrada los días 15 y 16 de agosto. Aquéllas podían exterminar a las gentes sin problemas de conciencia pues […] no asesinaban personas, sino que limpiaban la tierra de seres racialmente inferiores››.

9 ‹‹Por el contrario, el ente estatal sí busca la aniquilación de su oponente, que [logra realizar] en 1955-1970, valiéndose del franquismo››. Éste es más exacto definirlo como una “ingenierocracia” que interpretarlo ‹‹desde el anticlericalismo burgués, dado que los técnicos e ingenieros fueron más decisivos en él que el clero››. La “revolución nacional-sindicalista” realizó ‹‹las metas industrialistas, desarrollistas, tecnoentusiastas, modernizantes y consumistas comunes a todas las fuerzas políticas españolas, de izquierda tanto como de derechas, desde mediados del siglo XVIII, al menos››.

10 Será el franquismo quien liquide ‹‹la forma tradicional de familia propia de los pueblos peninsulares, para imponer la familia nuclear, su versión envilecida, que era, además y sobre todo, la etapa previa a la supresión de lo familiar para que sólo existieran dos poderes, el de la coerción (el Estado) y el del dinero (el capital)››. A partir de los años 60 del pasado siglo surge el ama de casa, para las clases populares peninsulares, ‹‹como exigencia del paso de millones de personas –unos seis- desde el campo a las ciudades››. El franquismo, además, sirviéndose de las referencias alemana e italiana, ‹‹estatuye en España el Estado de bienestar con la legislación de 1963››.

11 Estos designios los realizará el franquismo a partir de 1950: ‹‹es el régimen franquista el que crea la sociedad de consumo de masas, megalópolis atestadas de bloques de viviendas tanto como de automóviles y alto nivel tecnológico con que soñaron los partidos y sindicatos supuestamente obreros en 1936-1939››.

12 ‹‹Uno de los episodios más reprobables de la guerra civil, en el que se manifestó la baja calidad política, cívica y moral de una buena parte de los combatientes antifranquistas, fue la batalla por Badajoz, los días 13 y 14 de agosto de 1936, que enfrentó a unos 6.000 republicanos con 2.500 facciosos. En ella tuvo lugar la huida a Portugal o a la retaguardia, en los primeros y decisivos momentos de la batalla, de las autoridades civiles y militares del Frente Popular en la ciudad, dejando abandonados y desorganizados a los combatientes […] Nadie asumió, posteriormente, la responsabilidad de tales comportamientos sin honor ni valentía ni moralidad ni inteligencia››. La torpeza e incompetencia de los partidos y sindicatos de izquierda se manifiestan en el actuar de ‹‹las tropas republicanas y las milicias antifascistas […] en los primeros meses de la guerra civil en el frente suroeste y en el sistema central››.

13 Los acontecimientos de 1931-1939 demuestran ‹‹la tendencia, práctica y de facto, a proteger y rehacer el capitalismo de los dos grandes proyectos obreristas decimonónicos: el marxista y el anarquista››.

14 Según Juan García Oliver, ‹‹la victoria del franquismo en 1939 se debió a la aplastante superioridad en armamento de aquél››. Veamos, por el contrario, algunos datos aportados por Payne: ‹‹unos 10.000 oficiales profesionales del ejército y de las fuerzas del orden público no estuvieron comprometidos con los facciosos, de los cuales 3.000 en activo en 1936 y 1.500 retirados se sumaron al ejército republicano, lo que indica que es abusivo sostener que no hubo estructura militar para vencer al franquismo […] En Aragón unos 30.000 milicianos anarquistas y marxistas fueron contenidos por unos 10.000 hombres en el bando franquista, una parte de ellos también milicianos de derechas, con la agravante de que los antifascistas, en este frente, estuvieron mejor abastecidos y municionados que sus adversarios […] Durante los tres decisivos primeros meses de la contienda, hasta la llegada de la Legión Cóndor, la república poseía 300 aparatos y los alzados 130. La flota de guerra quedó casi toda con la república […] En abril de 1937 los soldados de Franco eran 290.000 y los republicanos 350.000, y para estas fechas la república controlaba el 75% de la industria metalúrgica, por tanto, de la producción de armas y municiones, además de las crecidas reservas de oro y divisas del Estado español […] El número de soldados afectados por neurosis de guerra y fatiga del combate fue mayor entre los republicanos que entre los franquistas››. La aserción de Oliver, ‹‹además de no ser verdadera ni siquiera numéricamente, niega todo aprendizaje y avance››, y lleva a instalarse en ‹‹el victimismo y la autocomplacencia››.

15 Santiago Carrillo, dirigente de la juventud de dicho partido, ‹‹presidió en el otoño de 1936 la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, responsable de la matanza de unos 2.200 presos, la mayor de la guerra civil considerando los dos bandos. Aquélla debió ser, inexcusablemente, autorizada por el gobierno republicano››. También se implicaron en este asunto IR y CNT.

16 ‹‹No hay que olvidar tampoco a los cientos de marroquíes antifascistas y contrarios al clero islámico que lucharon en el ejército republicano en 1936-1939››.

17 Musulmanes, nazis, italianos y franquistas arrollaron ‹‹al denominado ejército popular de la república batalla tras batalla, sobre todo en la que fue su final, la librada en el Ebro en el verano y otoño de 1938››.